Ellos son pareja, ¿pero de qué tipo?

Los modelos de pareja se diversifican. Swingers, swapping, abiertas, LAT, flexisexuales y poliamorosos apuestan a romper con los convencionalismos.

Tener una pareja ya no significa lo mismo para todo el mundo. Hoy son muchas las formas de relacionarse amorosamente con otro. Mientras una pareja híbrida mantiene una relación tradicional pero uno de los dos tiene libertad para experimentar, una swinger se avienta de la mano a descubrir nuevas sensaciones eróticas, una LAT se ama apasionadamente pero, eso sí, cada uno en su propia casa, y una poliamorosa se abre al mundo sin restricciones.

Cada vez están quedando más atrás esas promesas eternas de fidelidad, muchas veces impuesta, y de no tener ojos sino para un solo ´otro´. Miles de parejas en el mundo están cuestionando la validez y funcionalidad de la monogamia como precepto inamovible, para buscar maneras diversas, abiertas, libres y francas de quererse, más allá de las convenciones.

Quienes optan por las relaciones híbridas llevan, a simple vista, una habitual vida de pareja, pero lo cierto es que uno de los dos tiene libertad para probar otro encuentros. En este tipo de unión, el que es monógamo, por lo general está poco interesado en el universo de la sexualidad y es consciente de la necesidad de su compañero de experimentar sin límites. Una especie de generosidad extrema respecto a la naturaleza del otro.

Esa apertura a nuevas aventuras amorosas, pero para ambas partes, es lo que caracteriza a las parejas abiertas. Su postulado es no perderse de los placeres que restringe la monogamia, en otras palabras, está bien que mantengan relaciones sexuales fuera de la relación. Pero sólo encuentros eróticos. Nada de enamorarse y hacer tambalear la estabilidad afectiva de los dos.

Resulta la alternativa ideal para no perder a quien tanto se ama y con quien ya se conforma un equipo de vida, pero abriéndose a sentir con alguien más esas cosas que ya no están: coqueteo, cosquillas en la panza, detalles de la conquista y sensaciones íntimas nuevas. Al final, se trata de una relación donde no caben mentiras y engaños porque todo se habla y el grado de apertura se concuerda de antemano.

A su vez, las parejas que se inscriben dentro del rótulo de flexisexuales también son abiertas, sólo que aún más abiertas. También consideran los juegos sexuales con personas del mismo sexo, sin ser necesariamente homosexuales o bisexuales. El Urban Dictionary las define como “personas de orientación sexual flexible”. En muchos casos su estética tiende a ser andrógina, aunque no es la regla. Su filosofía se basa en esencia a abrirse a nuevas impresiones sensibles.

En la línea de pluralizar las relaciones, las parejas swingers o las swapping prefieren hacerlo juntos. Suelen ser parejas estables que a cambio de reunirse a jugar a los naipes, como parte de su vida social, optan por actividades quizá más divertidas como mantener relaciones sexuales con otras personas o intercambiar parejas. Se llaman a sí mismas “personas de estilo de vida alterno” y han sido ampliamente estudiadas por los amorólogos, esos psicólogos dedicados a investigar sobre las relaciones humanas.

Uno de ellos, el psicólogo Seth Meyers, afirma que uno de los rasgos que determina la felicidad y la salud mental es justamente la flexibilidad: la capacidad de creatividad, el pensamiento abstracto y la adaptación a las circunstancias cambiantes. En ese sentido, asegura que “la vida sexual de los swingers tiende a ser más saludable que la de los pares monógamos. Los hombres y las mujeres que oscilan pueden tener algunas fortalezas importantes para la salud mental”.

Diversos estudios sobre el estilo de vida swinger han concluido que esa ruptura con la monotonía y la posibilidad de tener vivencias sexuales innovadoras, de las que se carecen entre la pareja original, trae beneficios interesantes. Uno de ellos es que los swingers se divorcian con menos frecuencia que otras parejas. También se mejora la comunicación y la vida sexual entre compañeros, y las fantasías sexuales añoradas tienen más oportunidad de llegar a feliz término.

Otra forma al parecer muy eficiente de ser pareja se inscribe en los LAT: living apart together. Se trata de parejas estables, pero cada uno de los miembros vive en su casa. Dentro de este estilo de vida no caben los pleitos por la crema dental o los ronquidos ensordecedores en la noche. Es, en cierto modo, llevar vida cotidiana de solteros pero con la certeza de tener un amor seguro y fiel.

Estos también llamados ´neosolteros´ son económicamente independientes, aman su soledad y quedan en compartir la cama sólo cuando a los dos les apetece. Al respecto de los LAT, expertos destacan que este esquema ayuda a no caer en el temido aburrimiento y a mejorar la emoción de la relación. Lo mismo sucede con las parejas a distancia, las circunstancias llevan a que se extrañen y por ende suelen experimentar más pasión y asombro cuando a la hora de los encuentros.

Pero si se trata de variedad y apertura, los poliamorosos se llevan el premio mayor. Estas parejas, de mutuo acuerdo, pueden involucrarse sexual y afectivamente con otras personas, e incluso enamorarse. Así las cosas, terminan siendo tríos, cuartetos o quintetos de enamorados. Quienes son poliamorosos saben que el único gran reto de este modelo es lidiar con los celos.

Porque el poliamor no admite la infidelidad. Los que están dentro del acuerdo amoroso son siempre los mismos y se deben compromiso y lealtad. Justamente es un tipo de pareja que implica mucha seriedad, organización y esfuerzo porque se apegan a los convencionalismos de las parejas clásicas, donde sólo puede haber ojos para los que forman parte de esta singular relación.