10 enseñanzas que nos dejó (o no) del Hoy no circula

Reflexionamos sobre esos días en que los capitalinos tuvimos que dejar el auto por la contingencia ambiental.

Fueron tres meses en que los capitalinos que ostentan su reluciente holograma cero y doble cero tuvieron que aprender lo que es vivir sin auto uno, dos o hasta tres día por semana, tal vez pisar por primera vez el transporte público o hacer buenas migas con los compañeros del trabajo; fue tener que ajustar la rutina para salir exentos de las multas por el Hoy no circula ampliado, un esfuerzo por reducir los niveles de contaminación de la zona metropolitana del Valle de México.

Este 1 de julio ya somos libres esas medidas extraordinarias del programa ambiental para reducir la concentración de contaminantes que comenzó el 5 de abril. Según explicaron las autoridades capitalinas, en este periodo se vivió la temporada de mayor concentración de ozono debido a la ausencia de lluvias, viento escaso y alta radiación solar, que impidieron la dispersión de contaminantes.

Ahora que la contaminación ya bajó (o más bien que llegaron las lluvias torrenciales y ayudan a limpiar un poco) y se puede respirar mejor (o menos peor), ya una vez fuera de esta norma, ¿qué aprendimos en estos tres meses?

1. A quejarnos.
Bueno, los capitalinos nos hemos sabido quejar desde siempre, pero ahora desarrollamos métodos más “masivos”. Algunos aprendieron a usar Twitter porque sus quejas en Facebook no iban a llegar mas que sus amigos y familiares que obviamente les dirían que sí a todo. Entonces, se supo el poder de una @ para hacer llegar la queja a los funcionarios pertinentes. ¿Cuántas fotografías de coches cubiertos de smog no enviamos a las autoridades? Seguro tu teléfono ahora está más lleno de estas fotos que de selfies.

2. Nos aprendimos el nombre uno, dos o cinco funcionarios.
Ahora todo mundo sabe que el regente, perdón, jefe de Gobierno de la Ciudad de México, no es Gabriel Mancera sino Miguel Ángel Mancera. El hombre más odiado por los últimos meses aunque él no tenga la culpa (entera) de la sobrepoblación. Ya sabemos que existe una Secretaría del Medio Ambiente y que la dirige una guapa funcionaria llamada Tanya Müller que anda en bici no solo para llegar a los eventos políticos.

3. Que los chilangos no somos los únicos culpables.
Sí, existe algo llamado megalópolis, que es mucho más grande que el exDF y que la conforman la Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo, Morelos, Puebla y Tlaxcala. Ah sí, y que todos contribuyen a la contaminación y también se tienen que apegar a las normas del Hoy no circula.

4. A tener mejor memoria.
Salir de casa con el auto en día prohibido pudo salir muy caro. La infracción levantada ascendía hasta los 2,150 pesos más el adicional cargo por arrastre y corralón. Tener bien ajustadas las alertas fue muy necesario en estos días.

5. A tener que convivir con la pareja.
Esos novios o esposos que viven juntos tuvieron que acoplarse a usar un solo auto entre los dos, a dirigirse la palabra en medio del tránsito y tal vez hasta recordar lo bien que se lo pasan juntos.

6. A hablarle al que está del otro lado del escritorio.
Sí, en estos días descubriste que esa persona que está enfrente o al lado de tu lugar de trabajo casualmente vive en tu mismo barrio. El Hoy no circula obligó a que dejaras ue un intruso se subiera en tu coche a cambio de que tú fueras ese intruso en el auto de él o ella un día a la semana… Y no fue tan malo.

7. A explorar el transporte público.
Y no es broma. Hubo muchos que descubrieron que el Metro y Metrobús pueden ser un medio de transporte eficiente (de los camiones y microbuses mejor no hablamos), que los pisaron por primera vez y en esa aventura supieron que se puede tener un viaje agradable siempre y cuando logren subir a ellos (porque la cantidad de pasajeros incrementó también con la contingencia ambiental).

8. Ver que hay vida fuera de los mensajes de Whatsapp y el timeline de Facebook.
Como viajar en el Metro muchas veces obliga a perder la recepción de internet, no hubo más que ocupar el tiempo en actividades como leer, aprender a dormir sentado, memorizar las estaciones de las líneas del transporte, a catar olores nuevos, a tener mejor equilibrio al ir de pie en el transporte y sus enfrenones o tal vez hasta mirar guapos a los vendedores ambulantes y artistas callejeros que deambulan por los pasillos.

9. Uber es un servicio tan valioso que nos dejó pobres.
Para aquellos que se negaron a subirse al transporte público o que no tenían a ese guapo compañero de trabajo que les diera aventón en el coche, Uber, Yaxi, Cabify u otras apps fueron su solución. ¿El resultado? Un estado de cuenta que espantaría al mismísimo Carlos Slim.

10. A usar las piernas.
Sí, esas extremidades inferiores tuvieron que ponerse en acción. Descubrimos que pueden andar solas por varios kilómetros o pedalear una bicicleta y que no solo sirven para meter y sacar el acelerador. Tal vez, hasta bajamos un poco de peso y tonificamos las piernas. Entonces, ¿tal vez no está tan mal dejar el auto unos días, no?

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