¿Y quién mató a ‘Big Brother’?

El nuevo confesionario está en las redes sociales, es mucho más interesante y todos formamos parte de él.

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¿Te suena familiar la idea de saber qué hace las 24 horas del día un grupo de personas desconocidas? Seguro que sí y, más allá de que seas uno de los millones de televidentes que siguen la nueva edición del Big Brother mexicano, es porque en la vida real ese utópico futuro con el que muchos visionarios románticos soñaban y del cual los apocalípticos nos advertían se parece mucho a nuestro presente. Facebook, WhatsApp, Instagram y Twitter son sólo parte de la pirámide en la cual convergen blogs, videocams, vouyeristas, YouTubers, celebridades digitales y sufrientes que piden que dejes en paz a Britney. Obvio, en la cúspide, está ese ojo que todo lo ve, el mismo que podemos encontrar en el logo de Big Brother.

Ahora todo mundo sabe cuándo fue la última vez que estuviste online, si tienes o no una relación, en dónde estás cenando, qué estás escuchando, si te abandonaron, si estás deprimido o si vas por la tercera temporada de Downton Abbey. El monitor de una computadora o de tu teléfono celular es el nuevo confesionario y pocos son los que no sucumben a su encanto.

Mexicanos al grito de sus 15 minutos de fama

Es por eso que concursos televisivos como Big Brother –concepto patentado en 1997 por la empresa Endemol– dejaron de ser tan novedosos. En un mundo donde la vida íntima, tanto de las celebridades como de tu vecino, están expuestas desde cualquier ángulo, los shows televisivos deben recurrir con más fervor que nunca a los ganchos mercantiles de toda la vida: el sexo, el morbo y los conflictos emocionales atractivos. El problema en contra del rating de un programa como Big Brother es que ahora, con un simple clic, puedes ver, en lugar de a 13 clichés andantes tratando de hacer algo interesante para no ser expulsados, a swingers de cualquier nacionalidad haciendo de todo sin censura, exhibicionistas compulsivos, comediantes improvisados e incluso suicidios televisados.

La idea y simbolismos de un regente universal y de una sociedad vigilada en un entorno controlado ha sido referenciado en la películas como la francesa Alphaville (de 1965) y la serie animada A Regular Show (el capítulo del gigante ser ocular llamado “fisgón” que los vigila sin descanso), por mencionar dos ejemplos con medio siglo de diferencia.

De igual modo, el concepto de las sociedades distópicas que tienen que convivir entre sí en un ambiente claustrofóbico-totalitario ha sido tema recurrente en el imaginario público. Desde El ángel exterminador de Luis Buñuel (favor de darle un vistazo al póster promocional, donde aparece nuestro “amigo”: el ojo de Big Brother), hasta Das Experiment, la película alemana de 2001... es un cuento de nunca acabar. Lo cierto es que, a la luz de las pesquisas, Big Brother no fue asesinado, sino que está hospitalizado en terapia intensiva por intento de suicidio. Fueron muy fuertes los remordimientos de su deuda con el pasado, así como el choque frontal con el presente, orquestado por las redes sociales que le han dado nueva forma al concepto de los contenidos. ¿Podrá la fidelidad del televidente mexicano rescatarlo?