‘Phubbing’: Permíteme ingnorarte

Alza la mirada y observa el mundo que te estás perdiendo por no dejar tu teléfono móvil. Aquí la historia del fenómeno tecnológico (y psicológico) digno de una película de ciencia ficción.

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Una de la escenas más pausadas de la vertiginosa Children of Men (Alfonso Cuarón, 2006) sucede dentro de una mansión que sirve, a su vez, como arca de las obras artísticas en el futuro distópico en el que se desarrolla la cinta. En ella, el protagonista visita a su primo burócrata para que le consiga unos papeles para transitar libremente. En un comedor están sentados los dos y el hijo adolescente del primo, que no deja de ver una especie de móvil en el que juega al cubo Rubik. El primo se enfada y pega una gritoniza para que el menor ponga atención.

Una situación común, se podrá pensar. Sin embargo, el joven está rodeado de tanta belleza que parece un desperdicio. En esa casa, arca de obras artísticas en un futuro distópico, se aprecia el Guernica, de Picasso, justo en el comedor; a la entrada, el David, de Miguel Ángel. Y por afuera se alcanza a visualizar el cerdo inflable que adornó la portada de Animals de Pink Floyd. Todo en un mismo espacio. Todo ignorado por el adolescente. ¿Cómo llegamos hasta aquí?

El acto de ignorar al otro, gracias al celular

Años después del estreno de la obra maestra de Cuarón —perdón, Gravity—, en 2013, el australiano Alex Haigh (un estudiante de entonces 23 primaveras) acuñó el término phubbing para referirse al acto de ignorar al otro (u otros, además del entorno) y prestar más atención al teléfono móvil. La expresión se compone del acrónimo de las palabras en inglés phone (teléfono) y snubbing (menospreciar). "Muchos de nosotros lo experimentamos con frecuencia: las personas prestan más atención a sus teléfonos que a ti... es un problema mundial que requiere ser discutido antes de que empeore", dijo Haigh en una entrevista publicada en The Independent.

Así nació la comunidad Stop Phubbing, que protesta —por medio de mensajes chuscos, como “el 92 % de la gente que hace phubbing se convierte en político”— contra la utilización descontrolada de los teléfonos móviles, una práctica común desde 2007, cuando se dio el boom de los smartphone —celulares con conexión a Internet— a nivel mundial.

Nuestro tiempo móvil

De acuerdo al Estudio de usos y hábitos de dispositivos móviles realizado por la firma británica Millward Brown, en México el 84% de la población cuenta con un celular y de ellos, cuatro de cada 10 posee un smartphone. Casi la mitad, pues. Por otro lado, la consultora TNS asegura en su estudio Connected Life que pasamos más de tres horas diarias en el móvil, ya sea en redes sociales —“comparto, luego existo”—, revisando correos electrónicos o visitando algún blog, tiempo en el que bien podríamos convivir con los demás, simplemente.

A diferencia de su primo el ghosting —desaparecer de la vida de alguien: “Te ignoro porque así lo decidí”—, el phubbing es un acto casi inconsciente. Pero se puede evitar: no pongas sobre la mesa tu teléfono móvil, atiende la conversación con quien compartes y disfruta el momento: no tienes que tomar fotos de todo ni tuitear cada uno de tus pensamientos. Por supuesto, no interrumpas la conversación con que inicias una comida o una cena para encontrar los ángulos adecuados e instagramear tus platillos, mientras tu compañero/a le da su primera cucharada al ramen. Y toma tus selfies cuando estés solo, por favor.

Y no es que nos tengamos que deshacer de nuestro smartphone porque somos adictos—eso se llama Nomofobia y es tema de otro estudio, por cierto interesante—, sino que de vez en cuando deberíamos levantar la cara y mirar. Y volver a mirar: igual y tenemos el Guernica o el David de frente. O la vida misma, pues.