Pizza azul para dar amor

Existe una extraordinaria pizzería que más que vender comida, se empeña en cambiar la vida de jóvenes mexicanos marginados. Todos podemos hacer algo por los demás.

Una rebanada de pizza de maíz azul de huitlacoche, chapulines, esquites o chicharrón prensado acompañada con una cerveza artesanal y buena música. Un súper plan. Más aún, sumada a esa cena la certeza de estar aportando para cambiar la vida de alguien que no ha tenido oportunidades. Mejor imposible. Esa es la sensacional propuesta de una pizzería estilo Brooklyn en plena Ciudad de México: Pixza.

En pocas palabras, se trata de una plataforma de empoderamiento social disfrazada de pizzería. Una mano tendida para que jóvenes con abandono familiar, entre 18 y 25 años, replanteen su vida positivamente, trabajen, se reinserten a la sociedad y se sientan parte de ella. Un proceso que se construye con cada rebanada de pizza vendida, después de cada cinco, la sexta es para jóvenes que han estado en situación de calle, tienen retraso educativo, quizás historial criminal y de drogas, y dificultad para encontrar trabajo.

Mordida a mordida se va fraguando el cambio. Es un proceso de dar y recibir, cero caridad. En el albergue donde viven, a cada chico se le entregan gratuitamente cinco rebanadas de pizza a cambio de las cuales tienen que dar algo: llevar comida a la gente que vive en la calle, limpiar las banquetas o elaborar juguetes para orfanatos. Tras cinco rebanadas más y otro voluntariado, avanza la ruta de transformación.

Durante la etapa de redignificación, los jóvenes se bañan, tienen un corte de pelo, diagnóstico médico, una camiseta y toman cursos de habilidades de vida. Es un absoluto renacer, muchos de ellos nunca imaginan poder salir de su estado de frustración, soledad y marginalidad. Viene luego una oferta formal de empleo en alguno de los dos locales de la pizzería que, sin duda, dibuja en sus almas un nuevo propósito de vida.

Tras un proceso de coaching a la medida, elaboran un plan de vida personal y profesional para abrir la puerta de salida del albergue y comprar un colchón para rentar su propio departamento. Hasta el momento, en año y medio de existencia del proyecto, se han recaudado cerca de 4,000 rebanadas de pizza para los jóvenes, se han graduado y empleado 17, y tres de ellos han llegado al máximo destino del viaje de cambio: trabajar y ser independiente. Hicieron borrón y cuenta nueva y hoy sirven pizzas de barbacoa, flor de jamaica y chile relleno.

Ingredientes completamente mexicanos sobre la única pizza de maíz azul que existe. Además de delicioso, el maíz azul es considerado un ´super food´, tiene menos gluten y más proteínas que las variedades amarilla y blanca, es antiinflamatorio, antimutagénico, antidiabético, antioxidante y tiene propiedades anticancerígenas.

 

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La revolución de la pixza

Esta ´revolución mexicana de la pizza´ se le ocurrió al mexicano Alejandro Souza cuando estudiaba en Nueva York y echaba de menos la entrañable comida mexicana. Una pizza de maíz azul combinada con un objetivo social serio para transformar la vida de jóvenes era su visión, entonces este personaje brillante, sensible y apasionado por su país regresó para ser un emprendedor social.

Así es que ir a comer pizza puede ser una experiencia además de deliciosa, muy gratificante. Comer allí trae consigo un impacto social real, cada rebanada forma parte de la reconstrucción de vida de alguien. Es comer con causa y con conciencia.

“Hemos tenido una gran acogida, a los clientes les fascina el producto y lo éste que conlleva, se sienten en casa, rompen esquemas y se afianza el concepto de compartir, hacer redes, gozar la vida mientras otros mejoran la suya”, cuenta Alejandro. La iniciativa tiende puentes para hacer equipo, es un ganar-ganar. Pero al final, cada uno es dueño de su propio cambio.

Un contador digital, colgado en estos restaurantes, va dando cuenta cada vez que se acumula una rebanada más y asimismo el cliente deja al destinatario un mensaje inspirador que va acompañando a esa rebanada: 4,001, 4,002, 4,003… La verdad es que por lo general estamos solo haciendo por nosotros, gozando nuestra propia vida y pensando poco en los demás. ¿Cómo sería México si todos los negocios tuvieran realmente un trasfondo social de este tipo?