Esos misterios de la Plaza de Toros México

El 5 de febrero, este mítico edificio cumple 71 años, lejos de la fiesta brava, el lugar encierra muchas curiosidades.

El recinto taurino más grande del mundo cumple este 5 de Febrero 71 años de una larga y rica historia. A través de todos estos años, el mítico escenario ha sido testigos de grandes historias. Muchas en el ruedo y muchas otras en alguno de los rincones misteriosos a los que poca gente tiene acceso pero que también han contribuido a forjar la leyenda de la septuagenaria Plaza México.

Su construcción duró menos de un año, pues en ella trabajaron más de 10,000 personas y, en su momento, fue la obra más cara del país, pues requirió de una gran inversión con montos inusuales para la época. Y al momento de su inauguración, se anunció como la única obra en el mundo que podía competir con el Coliseo de Roma.

Siete décadas después, La México sigue vigente entre la afición capitalina, e incluso sobrevivió a una remodelación de la todavía llamada Ciudad de los Deportes. La familia Cosío, propietaria del inmueble, anunció la construcción de un centro comercial ultra moderno, pero el “sacrificado” fue el vecino Estadio Azul, lo que confirma la importancia que tiene esta plaza para la capital del país, con todo y el monstruoso apoyo que tiene todo lo relacionado al fútbol.

Quizá ni el mismo Estadio Azteca haya acogido en sus asientos a tantas personalidades de la farándula como la Plaza México. Entre su ruedo y su barrera comenzó una entrañable amistad entre María Félix y Manolete, entre Agustín Lara y Silverio Pérez. En años más recientes, Mario Vargas Llosa y Joaquín Sabina han acudido a la Monumental mexicana para presenciar las faenas de su gran amigo, el Maestro José Tomás. También es muy conocida la estrecha relación que lleva Enrique Ponce, uno de los toreros consentidos de esta plaza, con Miguel Alemán, Luis Miguel y Antonio Banderas. Y todo comenzó, como siempre, con las barreras de sombra como mudo testigo.

La tradición la han continuado Emmanuel, Alejandro Fernández, Alejandro Sanz, Miguel Bosé, Lucero, Paulina Rubio, Belinda y hasta Matt Damon en una visita a nuestro país. También vivieron los misterios de La México los ya desaparecidos Octavio Paz, José Emilio Pacheco y Carlos Fuentes. Y hoy continúan este legado personajes políticos, académicos, intelectuales y empresarios. Juan Ramón De la Fuente, Felipe Calderón, Carlos Slim y Ricardo Salinas Pliego han acudido a las barreras a descubrir los enigmas de una fiesta y una plaza tan particular.

Además de presenciar decenas de protestas por parte de los antitaurinos y los ecologistas —todas bien recibidas en favor de la pluralidad de pensamiento—, esta plaza ha albergado desde conciertos de música, peleas de box o eventos publicitarios y hasta desfiles de moda, uno muy famoso fue el de Oscar de la Renta.

Sea o no de tu agrado la fiesta brava, alguna vez en la vida tendrás que escuchar el olé más grande del mundo. 45,000 voces coreando un pase al unísono, pone la piel de gallina a cualquiera. A grandes figuras de la historia del toreo se les han brotado las lágrimas al conquistar esta plaza, pues en sus propias palabras “este olé es incomparable, único en el mundo”.

Entre los misterios de La México también hay leyendas que aterrorizan. Cuando la gente se va y la plaza queda vacía, la inmensidad de su estructura la convierte en un sitio que contrasta entre lo solitario y lo inmenso, entre lo calmado y lo majestuoso. Si a esto le sumamos que en ese ruedo ha rondado y ha aparecido la muerte, el lugar adquiere un estatus místico. No son pocos los testimonios de toreros, guardaplazas y monosabios que han experimentado algún encuentro extraño en la soledad de La México.

Al ser su profesión una danza con la muerte, la inmensa mayoría de los toreros son muy devotos. Por eso, no es de extrañar que uno de los rincones de la Plaza México que muy poca gente conoce, pero que es fundamental para los artistas, es la capilla, y otro es la enfermería, donde, dicen los profesionales, algunos toreros prácticamente desahuciados, han vuelto a ver la luz. Otros no han corrido con la misma suerte y han entregado su vida en las astas de un toro o por la dureza de la profesión. El más reciente fue Eduardo Funtanet, quien cayó de su cabalgadura mientras intentaba una de las bellas pero arriesgadas suertes del rejoneo.

Con la nueva administración, presidida nada más y nada menos que por Don Alberto Bailleres y Don Javier Sordo Madaleno, La México está en camino de recuperar la grandeza que tuvo en alguna época. Después de todo, su esencia y su mística jamás se han perdido.