Pérez Art Museum Miami

El corazón abierto de Miami

Dicen que en Miami el sol alumbra las calles unas tres mil horas al año, un dato elemental a la hora de decidir no sólo qué ropa ponerse sino dónde, cómo y de qué manera diseñar un edificio capaz de albergar (y mantener inmunes al daño solar) obras artísticas, manteniendo una estética única y distintiva en un distrito de arte de por sí distinguido, y al mismo tiempo transmitir el espíritu de las piezas que están destinadas a él.

Quizás por eso, el heredero del Center for the Fine Arts —inaugurado en 1996—, el Pérez Art Museum Miami (PAMM), eligió al despacho suizo Herzog & de Meuron, nada menos que los ganadores del Pritzker en 2001 por sus innovaciones en materiales y soluciones arquitectónicas. ¿Qué mejor desafío que crear un museo abierto al espacio oceánico, verde (del parque frente al que se ubica) y urbano, esa rara mezcla que sólo se encuentra en la Biscayne Bay de Miami?

El mismo Jacques Herzog dio la respuesta al presentar su proyecto: “Lo que hace que Miami sea tan extraordinario es su increíble clima, su exuberante vegetación y su diversidad cultural. ¿Cómo pueden explotarse y traducirse plenamente estos bienes en la arquitectura? Esa es la manera en que intentamos ir con nuestro diseño para el nuevo museo de arte en Miami”, un edificio cuya naturaleza resulta de la visión de Herzog con respecto a los museos cívicos: “Deben ser tan abiertos, como sea posible, a una variedad de actitudes y formas. El PAMM, literalmente, es una estructura abierta con espacios muy atractivos tanto para los artistas, como los visitantes, una estructura que deja margen para el cambio”.

Los creadores del PAMM se dieron a la tarea de encontrar una solución para permitir que el espacio transmitiera visualmente esa apertura, flexibilidad y ligereza, y que al mismo tiempo resistiera las inclemencias climáticas que incluyen fuertes tornados de verano; para esto, los arquitectos se apoyaron en materiales como el hormigón (para mantener el calor fuera de la estructura) que es sólo el sostén de un entramado de ventanas que permite vistas prácticamente de 360 grados de los alrededores.

La intención era crear un espacio de aspecto áspero, minimalista en su estructura y con líneas precisas, algo que impidiera distracciones al interior del museo, que no compitiera con las obras expuestas en él ni con los paisajes exteriores que funcionan como la continuidad natural de la experiencia estética del mismo.

La frágil belleza

No faltan quienes vaticinan inundaciones en el futuro próximo para las zonas costeras debido al cambio climático, pero por supuesto, el estudio Herzog & de Meuron no perdió de vista ninguna contingencia: el museo se encuentra elevado a varios metros sobre el nivel del mar, y las columnas que sostienen la plataforma del edificio a su vez soportan el dosel de sombreado que cubre todo el sitio creando una recepción amigable, unida al parque de modo casi orgánico. Debajo de estas columnas se encuentran los estacionamientos, y frente a la bahía, una amplia escalera conecta la plataforma con el paseo marítimo.

Por supuesto que sólo del arte no vive el hombre, por eso el complejo del Pérez Art Museum Miami también incluye un restaurante, Verde, que tiene una privilegiada vista panorámica a la Biscayne Bay, y que —en sus palabras— ofrece un menú de platillos de inspiración local (aunque, ¿qué podría llamarse local en un sitio tan cosmopolita y de escaso arraigo histórico como Miami?).

Además de Verde —donde, hay que decirlo, como en la mayoría de las cafeterías de museos lo mejor que puedes encontrar es un sitio con una relajante vista exterior donde reponer la mente y las piernas luego de un largo paseo más que una cocina de alto vuelo—, está también la fascinante PAMM Store, una de esas tiendas de regalos y libros de arte que embriagan por su vasta oferta de objetos hermosos, vistosos, únicos e imprescindibles para los amantes del diseño.

La oferta artística, por supuesto, iguala en calidad a la belleza aparentemente frágil del museo mismo y representa una mirada a la complejidad cultural latinoamericana y estadounidense con muestras de tal amplitud que incluyen desde la historia del deporte (como el documental del cubano-americano Gaspar González sobre la desegregación racial en el baseball), hasta las exhibiciones de obras multifacéticas como la de Sarah Oppenheimer (Austin, 1972), que conversan con la arquitectura, el espacio natural de la galería y las ciencias cognitivas.