Entonces, ¿nadie es real? ¿Ni siquiera tú?

Cada vez más científicos de renombre dan crédito a las teorías sobre el Universo como una simulación. 'La realidad supera la ficción' y tal vez no todo sea tan real como pensamos.

La realidad supera la ficción: Hace unas semanas, un eterno candidato a la presidencia de México perseguía a una paloma en un idílico callejón de Guanajuato, en silencio. Alguien —su peor enemigo o alguien de su equipo de campaña, da la mismo— lo grabó en video, que se hizo viral de forma instantánea.

Por esos días, casi al mismo tiempo, un gobernador, mexicano también (¡cómo no!), pedía licencia para separarse de su cargo y enfrentar así, como un ciudadano de a pie, a la Justicia que lo buscaba por cargos de enriquecimiento ilícito, entre otros ‘santitos’. En un giro inesperado del destino, este ya ciudadano desapareció y hasta hoy nadie (o muchos) sabe dónde está. El hoy Ficha Roja de la Interpol es buscado en más de 190 países.

“La realidad supera la ficción”. No hay que echar en saco roto este dicho porque tal vez la realidad no es tan real como pensamos. Nosotros, la Tierra, el Universo, no podría ser más que una simulación, una realidad virtual, un gran Pokémon Go cósmico.

¿Reproducciones computarizadas?

Las risas en uno de los salones de la Code Conference 2016 —la más importante convención mundial sobre el futuro de las tecnologías digitales—, celebrada en junio pasado, en California, se convirtieron en silencio cuando Elon Musk comenzó a hablar. El empresario e inventor sudafricano declaró que el ser humano podría ser un personaje "reproducido en cualquier decodificador o PC o lo que sea de una civilización de miles de millones de años en el futuro. Pronto estaremos en la realidad virtual y la realidad aumentada”, de acuerdo con declaraciones recogidas por la agencia EFE. Según él, llegará un momento en el que no distingamos el juego de la realidad y viceversa.

Palabras que suenan a ciencia ficción o a escena de la ya clásica The Matrix (1999), si no fuera porque Musk es cofundador de PayPal, Tesla Motors —autos que no necesitan conductores, ¿alguien?—, SpaceX, Hyperloop y OpenAI, empresa sin ánimo de lucro que investiga la inteligencia artificial.

Filósofo y escritor de ciencia ficción (éste sí: autor de obras como El cartero, El corazón del cometa y Tierra, entre otras), el estadounidense Glen David Brin, por su parte, asegura que podríamos ser el sueño de una civilización que vive en el futuro —en el año 2050, específicamente— o somos una simulación de lo que alguna vez fue un universo más primitivo.

Otras realidades

Quizá menos contundentes que los argumentos científicos, pero igual de interesantes, las teorías de simulación en la Filosofía se acercan más al escenario que plantearon los hermanos (hoy hermanas) Wachowski. El filósofo sueco de la Universidad de Oxford, Nick Bostrom, publicó en 2003 un artículo en donde afirma que una civilización posthumana tendría tantos recursos tecnológicos para crear otra realidad.

Conocido por sus estudios dentro del Principio Antrópico —aquel que dice que “si en el Universo se deben verificar ciertas condiciones para nuestra existencia, dichas condiciones se verifican ya que nosotros existimos”—, Bostrom sustenta su teoría de la simulación en estos tres principios:

1. Si es verdadera, entonces es casi seguro que nos extinguiremos antes de alcanzar la posthumanidad.

2. Debe existir una fuerte convergencia en los destinos de civilizaciones avanzadas de tal manera que virtualmente ninguna contenga ningunos individuos relativamente adinerados que deseen ejecutar simulaciones de ancestros y que sean libres de hacerlo.

3. Es casi seguro que vivimos en una simulación. En el bosque oscuro de nuestra ignorancia actual, parece sensato distribuir el crédito igualmente entre los puntos anteriores.

“En el bosque oscuro de nuestra ignorancia actual…”. Tal vez no seamos únicos e irrepetibles como copos de nieve. Si es que todo esto se trata de una —gran— broma, no deberíamos de tomarlo tan en serio, ¿verdad? ¿VERDAD?

Para el inventor estadounidense Raymond Kurzweil, director de Ingeniería de Google (nada más), tal vez nuestro Universo es el experimento científico de algún estudiante —“uno muy malo”, bromea.

Sueños, ilusiones, espejismos

El filósofo del siglo XVII, René Descartes —aquel de “Pienso, luego existo”— plantea en sus Meditaciones metafísicas que nuestra realidad es producto de un Genio maligno, “todopoderoso cuyo empeño sería engañarme [...]. Todo sería falso e inexistente a excepción de la mente que piensa, y no sabe que es imaginario el material de sus pensamientos”.

Ahora todo podría tener sentido. Políticos que persiguen palomas porque sí. Exgobernadores que desaparecen como por arte de magia. Y el colofón: el próximo 8 de noviembre se sabrá si un megalómano anaranjado llamado Donald Trump, misógino, racista —“Nasty women, Bad hombres”— podría ser presidente de Estados Unidos. La simple idea es un producto que bien pudo haber salido de la mente perversa del Genio maligno que hace siglos imaginó Descartes. Una broma, una pésima broma.