¿Existen mujeres genios en la historia del arte?

Una cuestión espinosa. Si miras alrededor tal vez des con una de las posibles respuestas.

Dedica unos segundos a pensar en la idea que tienes de un genio, que es lo más parecido que uno puede concebir a Dios, pero en versión carne y hueso. No nos engañemos: en ambos casos –genio y dios monoteísta- la imagen que se nos viene a la mente es inequívocamente masculina. Yahveh. Alá. Leonardo Da Vinci. Picasso. Y todo en ese plan. Ahora haz un esfuerzo adicional y trata de pensar en una mujer artista que puedas considerar un genio con todas las de la ley. Creemos probable que en este punto la imaginación se te seque por completo.

¿Qué ocurre? ¿Es que no ha habido mujeres geniales en toda la historia del arte? En tal caso, ¿qué explicación habría? Existen toda clase de teorías al respecto: los menos políticamente correctos (nosotros los denominaríamos de otro modo) aventuran motivos tales como que el genio creativo es patrimonio del varón porque la mujer bastante crea ya al dar a luz: ya saben, la maternidad como misión y objetivo último de toda hembra. Nosotros les recomendaríamos que leyeran a una mujer (¿genial?) llamada Linda Nochlin, que lo que decía, muy provocativamente, es que eso del genio es una creación a medida de hombres blancos occidentales, y por tanto sólo los hombres blancos occidentales pueden encajar en semejante molde. Ni más ni menos. Pero, de todos modos, hagamos un breve repaso por algunas –sólo algunas- de las grandes mujeres artistas de las que tenemos noticia. Quizá empieces a plantearte algunas de las ideas que tenían sobre el tema.

1. Sofonisba Anguissola (1535-1625). “Genia” del Renacimiento
Sofonisba Anguisola (o Anguisciola) era una joven cremonense de buena familia que debía de tener un padre muy liberal –no fue la única de las hermanas que se dedicó a actividades creativas, aunque sí fue la única que prosperó con ellas-, y cuyo extraordinario talento como pintora la llevó a ser reconocida por el mismísimo Miguel Ángel.

Incluso Vasari, que venía a ser el cronista y árbitro oficial de la genialidad artística de su tiempo, se dignó a escribir unas líneas sobre ella. El caso es que llegó a ser pintora de la corte de Felipe II, ganándose además la amistad y confianza de la reina Isabel de Valois, francesa ella y un poco perdida en el mastodóntico búnker palaciego de El Escorial. Anguissola retrató a gran parte de la familia real, incluido el propio Felipe II. Pero de entre su obra destacan sin duda sus maravillosos autorretratos, donde se representa como una mujer orgullosa y consciente de su talento. Aunque la que podría ser su obra más famosa se le ha atribuido a El Greco. ¿Les suena “La dama del armiño”, esa obra maestra? Pues, según muchos expertos, el cuadro del genio de Creta lo pintó en realidad una genio de Cremona.

2. Artemisia Gentilleschi (1593-1654). Barroca ella
Otra grande italiana, esta vez nacida en Roma. Orazio, su padre, era él mismo un pintor de cierto renombre (historia que se repetirá muchas veces, como veremos), pero ella claramente lo superó: lo sentimos, Orazio. Pero no sólo eso. Según muchos, Artemisia Gentilleschi llegó a superar a uno de sus coetáneos más grandes, el famosísimo –y genial- Caravaggio. Al menos en uno de sus cuadros.

Hay opiniones para todos los gustos, pero te animamos a comparar sendas versiones de la historia bíblica de “Judith decapitando a Holofernes” que realizaron cada uno de ellos. El cuadro de Gentilleschi es considerablemente más crudo y realista: vamos, puro “gore”. ¿A que no es esto lo que esperarían de una mujer? Pues en el siglo XVII, mucho menos. ¿La explicación? Parece ser que Artemisia fue brutalmente violada por Tassi, otro artista, que para “compensarla” fue obligado a casarse con ella. Ante semejante panorama, no nos extraña nada que Artemisia se identificara un poquito con Judith espada en mano, rebanando el pescuezo de Holofernes. Un poquito bastante.
 

3. Frida Kahlo (1907-1954). Coraje mexicano
Es consabido que México no es precisamente el país más feminista del mundo. Precisamente por ello, muchas de sus mujeres están entre las más corajudas de todas. Kahlo es un buen ejemplo: igual de consabida es su lucha contra las limitaciones de un cuerpo destrozado en un accidente de tranvía y que acabó convirtiéndose en una especie de perpetua cárcel de dolor. O su tormentosa relación con su esposo, Diego Rivera, genio nacional por antonomasia en aquel momento, y al que hoy sin duda ha eclipsado en aceptación popular en todo el mundo. Ella se sobrepuso a todo a través de la creación artística. La obra de Kahlo puede parecer exótica y naïf, pero refleja de forma muy cruda el sufrimiento físico y emocional de su autora. Pocos artistas han sido tan valientes y directos como ella en el registro autobiográfico. Pensamos además que hacernos ver que un tupido entrecejo femenino puede constituir un rasgo de belleza es un logro más importante de lo que puede parecer a simple vista. Piénsalo un momento.

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4. Ana Mendieta (1948-1985). Conceptual y Feminista
De origen cubano, emigró junto con su familia a Estados Unidos, donde residiría desde la edad de doce años. Fue una de las mejores artistas conceptuales de su tiempo. Militantemente feminista, pero también telúrica y misteriosa, a menudo trató el espinoso tema de la violencia en la relación entre los sexos. Se casó con el famoso escultor minimal Carl Andre, con quien mantenía frecuentes discusiones. Murió al caerse desde una de las ventanas de su apartamento, en un piso 34, en el curso de una de estas disputas. Andre fue acusado de la muerte de Mendieta, y exculpado tras tres años de juicio con base al argumento de la “duda razonable”. Esto hizo enfurecer a las feministas relacionadas con el mundo del arte, que han seguido reivindicando la figura de Mendieta hasta hoy: muchas de ellas piensan que Andre salió demasiado bien parado del asunto, dadas las circunstancias.

5. Marina Abramović (1946-). Artista viral
Hay otro tipo de artistas. Los mediáticos, aquellos cuyo nombre conocen incluso los que en su vida han pisado una galería de arte. Sin duda, Marina Abramović pertenece a esta categoría. Sólo los expertos saben que esta artista serbia ideó en los años 70 algunas de las performances más extremas de su época (con permiso de los accionistas vieneses), como aquélla en la que clavaba un cuchillo entre los dedos abiertos de su mano con grave riesgo para su integridad física. Más tarde formó junto a su compañero sentimental, Ulay, una próspera pareja creativa. Tras su separación, Ulay seguiría siendo pasto de entendidos, mientras Abramović se convertiría en una verdadera estrella. Una ópera contando su vida que pudo verse en el Teatro Real, un documental-egotrip sobre su trabajo, un vídeo viral más falso que Judas en el que supuestamente se reecontraba con Ulay después de varias décadas… ¿Qué otro artista contemporáneo conocen con semejante bagaje? Ni Hirst, ni Koons, ni Ai. Abramović.

Estos son sólo algunos ejemplos que nos hacen reflexionar sobre quién debería ser considerado un genio, así como sobre los motivos por los que a media humanidad se le ha negado de entrada ese estatus a lo largo de la Historia. Pero podríamos citar muchos más: Plautilla Nelli, Fede Galizia, Lavinia Fontana, Clara Peeters, la Roldana, Adelaïde Labille-Guiard, Rosalba Carriera, Angelica Kauffmann, Hannah Höch, Toyen, Georgia O’Keefe, Maruja Mallo, Leonora Carrington, Leonor Fini, Valentine Hugo, Claude Cahun, Meret Oppenheim, Dora Maar, Barbara Hepworth, Niki de Saint Phalle, Louise Bourgeois, Cindy Sherman, Jenny Holzer, Francesca Wodman, Nan Goldin, Tracey Emin… ¿Te suenan todas ellas? ¿Algunas? Ajá.

Descubre a otras grandes mujeres en la historia del arte.