México y el e-commerce: un nuevo romance

Dar clic en vez de ir al mercado: esa podría ser la próxima revolución tecnológica y económica del país. ¿Estamos ya en el carril de la inmaterialidad de las transacciones comerciales?

El mito asegura que en México no nos gusta hacer compras electrónicas. En parte, esa aseveración tiene raíz en la más pura lógica: de un país donde hoy tienen tarjeta de crédito sólo dos de cada cinco ciudadanos en edad de gastar (y donde esa cifra ya es calificada por muchos como un apabullante crecimiento), lo racional es juzgar, primero, que no muchos pueden realizar compras a través de computadoras y dispositivos móviles, y, segundo, que existe alguna desconfianza respecto al uso de dinero que no se ve y se toca. Una frase de abuelas y tías parecen corroborarlo: “hasta no ver, no creer”; una frase de marchantes parece revelar, a través de una defensa ante una afrenta que se repite una y otra vez, lo que a los mexicanos nos gusta hacer con la mercancía: “si no compra, no mayugue”.

Acaso es cierto: México no es, para nada, el epicentro del e-commerce mundial. En ese sentido, los estadounidenses nos llevan de calle: en 2015, en aquel país, cada comprador en línea gastó, en promedio, $1,800 dólares en un año, según cifras de Internet World Stats. Le siguen el Reino Unido, Suecia, Francia y Alemania. México no es ni siquiera el país más adepto al e-commerce en América Latina; ese puesto lo tiene Brasil. En México, tener una tienda online no parece ser todavía una opción: mientras que en Estados Unidos hay muchachos de 19 años que montan una tienda electrónica en Shopify y venden ahí las gorras que ellos mismos diseñan, en México todavía parece gustarnos mucho lo tangible: el local, la clientela que saluda de frente, la caja registradora que hace su alegre ruidito al abrirse. Podría incluso decirse que en México nos gusta todavía ese escaso bien llamado “contacto humano”.

Sin embargo, tampoco es rotundamente cierto que los mexicanos rechazaremos para siempre el comercio electrónico. Según la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCII), el e-commerce es una tendencia que en México viene creciendo de manera clara desde hace al menos tres años. De 2013 a 2014, el número de internautas mexicanos que hicieron compras en internet aumentó un 34%; esa cifra ya provoca levantamiento de cejas, pero palidece ante el crecimiento que las compraventas electrónicas tuvieron en 2015: ese año, el e-commerce creció en un 59%. O sea: si en 2013 había sólo 100 mexicanos comprando en internet, en 2014 habían 134, y a finales de 2015, 213. La traducción monetaria es incluso más escandalosa: de los 121 mil millones de pesos derramados a través del e-commerce en 2013, pasamos a 162 mil millones en 2014. Durante 2015, el comercio a través de internet dejó 257 mil millones de pesos.

México, parte de la tendencia mundial

De modo que ya no es tan fácil como pensarnos artesanales en lo referente a nuestras compras. México es parte de esa tendencia mundial que nos seduce a no dejar el sillón para pagar el banco o comprar zapatos; curiosamente, en esta revolución de corte sedentario, lo que más compramos en línea los mexicanos es ropa deportiva y artículos de fitness. Pero también compramos boletos de avión y de conciertos, muebles, libros, computadoras, teléfonos, y lo hacemos con enjundia: entre mayo y julio de 2016, 7 de cada 10 internautas nacionales hicieron una compra en internet. La mitad de quienes hacen compras por internet en México, tiene tres dispositivos desde donde va clicando' hasta hacer el súper o el guardarropa o el viaje.

¿Es que somos menos románticos que antes, más desarraigados, más (ni lo permita dios) capitalistas? Probablemente el aumento de nuestras compras en línea no se deba a características de nosotros como compradores, sino a la oferta. Por un lado, las opciones de pago en línea ya no se reducen a tarjetas de crédito; cada vez es más común hallar tiendas online que permiten pago con débito, o a través de servicios como PayPal, o incluso en efectivo a través de tiendas de conveniencia (lo cual, cierto, contraviene los principios elementales del e-commerce, que son la fiaca y la intangibilidad; pero tampoco hay que ponernos exquisitos). También se debe a que los comercios electrónicos han invertido muchos recursos en brindar seguridad a las transacciones que se hacen a través de sus sitios. Dice AMIPCII que el 88% de estas plataformas tienen herramientas de prevención de riesgo, reportando un crecimiento de 20% en los últimos dos años. A pesar de ello, las compras por internet siguen teniendo por beneficiarios a negocios internacionales: tres de cada cinco compradores adquirieron productos de un comerciante minorista internacional en 2015.

¿Se compra poco por internet en México? Sí y no. Compramos menos que los estadounidenses, pero más que nosotros mismos hace cuatro años; mucho, mucho más. Lo cual, por supuesto, no debe preocupar a nadie. Sólo acaso a las tías y a los marchantes, que tendrán que hallar nuevas frases para pedirnos atentamente que evitemos maltratar la mercancía a menos que pretendamos dar clic en el botón de “meter al carrito de compras”.