Meditación de todos los sabores y colores

La experiencia de la meditación se desmitifica y cada vez se posa más en tareas simples y divertidas. Es cuestión de experimentar.

Meditar. Un término que a muchos les suena lejano, oriental, esotérico, que tiene que ver con técnicas complejas, rituales especiales, budas, posiciones inalcanzables de la yoga o cosas místicas solamente para unos pocos, los supuestos elegidos. Casi que meditar constituye, para el inconsciente colectivo, algo inalcanzable. Pero en contraste con esta idea, cada día aparecen más y más formas –cotidianas- de entrar en algún tipo de estado meditativo, de combatir el estrés, liberar la mente de tanta basura y tontería que nos recuerda todo el día y dar pasos hacia la paz interior.

Además de las tradicionales y milenarias técnicas de meditación –budista, zen, yoga, hindú, en movimiento, trascendental, del sonido, sufí, entre muchas otras-, cada vez se habla más acerca de actividades del diario vivir que también pueden llevar a un cierto estado meditativo: de relajación, placer, sanación, concentración y paz. Hay quienes meditan –o entran en trance- a través de las formas de arte que practican: pintar, esculpir, bailar. Es cierto que en muchas culturas el camino hacia la espiritualidad es el baile y el canto.

Pero más sencillo aún, se puede hacer meditación tan sólo con unos lápices de colores y una hoja de papel. Los libros de colorear para adultos superan en ventas a muchos de literatura y nos indica que pintar como niños está de moda. En Francia, noviembre de 2014, los libros de colorear para mayores sobrepasaron en ventas a los de cocina. En 2015, cuatro libros de estas figuras se situaron entre los diez más vendidos de Amazon.

Más que una moda

Moda o no, son reales los beneficios de rellenar figuras dibujadas en un papel, además para nada se trata de un invento de hoy. La labor de rellenar formas se remonta a los mandalas hinduistas y budistas. Aquellos trazos de cuadrados, círculos y triángulos simbólicos ya venían haciendo mucho bien a lo largo de los siglos. Aunque su propagación inicial fue a través de las culturas orientales, más adelante en la época cristiana se hicieron presentes en los vitrales de las iglesias. Y ya para el siglo XX, Carl Gustav Jung aseguraba que las mandalas eran una herramienta para dejar fluir el subconsciente. 

Lo que no imaginó Jung era que colorearlas también constituía una fascinante manera de relajarse y obtener bienestar. Sean mandalas, animales o flores, hacerlo abre la puerta a perderse durante horas, olvidar los problemas, apagar el cerebro y sólo sentir, enfocarse en uno mismo. Sin tener que tomar clases de nada, sin juicios de nadie, sin saber hacerlo, sólo haciéndolo y fluyendo con los colores y las figuras. Alivia tensiones, libera del yugo del raciocinio, desencadena creatividad y además libera recuerdos de la infancia. Es regalarse instantes para volver a ser niños, cuando vivíamos ligeros, con aquella insuperable sensación de que todo estaba bien.

De algún modo se trata de memoria, dejar la arrogancia y recuperar tanta sabiduría. Los monjes tibetanos construyen y dibujan mandalas para sanarse tanto física como espiritualmente. Se sientan horas muertas, días y semanas enteras, a crear pinturas hermosas con millones de granitos de arena de colores, tal cual como lo retrató aquella inolvidable escena de House of Cards. Luego, cuando acaban la ardua labor, simplemente barren la arena y la regresan a un río, como simbología de que nada es para siempre. Sin más. Nada.  

Las agujas y el estambre también son elementos meditativos en potencia. De hecho, quienes hacen de manera habitual manualidades seguro han experimentado sus bondades para el alma. Como bien lo dijo Mihaly Csikszentmihalyi, eminente psicólogo húngaro cabeza de esta ciencia de la Universidad de Chicago, en su charla de TED: "Cuando estamos involucrados en algo que requiere creatividad, sentimos que estamos viviendo más plenamente que durante el resto de nuestra vida. Saber que puedes lograr lo que estás haciendo, desaparece la sensación de tiempo. Te olvidas de ti mismo y te sientes parte de algo mucho mayor".

Para Csikszentmihalyi, fluir es el camino. Y la ciencia ha comprobado que los efectos de la fluidez son equiparables a los de la meditación, van desde reducir el estrés hasta desinflamar alguna parte del cuerpo. Tejer es un quehacer que invita a fluir. Sus movimientos repetitivos activan el sistema nervioso parasimpático y se disipan las reacciones a las amenazas, generadoras del estrés constante. Otros argumentan que al crear, la existencia fuera de esa actividad se “suspende temporalmente”: ya no queda suficiente atención para el hambre, los problemas o las deudas”.

Diversas investigaciones científicas han comprobado que tejer ayuda a reducir la ansiedad, el dolor crónico, la depresión y el deterioro cognitivo. Por si fuera poco, también protege el cerebro contra el envejecimiento, disminuye la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Se equipara el tejido con prácticas de meditación y yoga, inclusive existen grupos de tejido para dejar de fumar (Knit to Quit), enfrentar una crisis de salud (Knit to Heal) y hasta rehabilitar personas presas.

Más y más alternativas

De cualquier manera, en la batalla contra la angustia y la depresión siguen apareciendo nuevas  alternativas, esta vez propias de la era digital. Una de ellas es el fenómeno ASMR (respuesta sensorial meridiana autónoma): video blogs con estímulos externos visuales y auditivos que producen una placentera sensación calidez, relajación y euforia, acompañada en ocasiones por escalofrío y hormigueo en la cabeza, cuero cabelludo o regiones periféricas del cuerpo. Los ASMR van desde simulaciones de masajes, sonidos bucales, por ejemplo de besos, hasta golpeteos en objetos o susurros. 

Muchos están optando por esta herramienta para dar la batalla contra el insomnio, la depresión y la migraña. Basta con observar las millones de reproducciones de sus videos en YouTube.  Sin embargo,aún no se cuenta con investigaciones científicas que prueben y expliquen su eficacia debido a que la respuesta a este tipo de estímulos varía de persona a persona e incluso hay gente que no experimenta ninguna sensación con estos videos. Por ahora los estudiosos se han topado con un punto ciego para la medición de los beneficios de los ASMR, seguro se les ocurrirá algo.

El impacto de estos instrumentos yacen en ámbito profundos de paz y bienestar que difícilmente podrán medirse con total efectividad. Sólo queda experimentar en alma propia. Se agotan los pretextos que dicen que meditar es para privilegiados.