¿Cómo pudimos sobrevivir sin Apps?

Existen Apps para las cosas más sencillas, prácticas e inútiles, y cada día surgen más y más. Al punto que surgen otras Apps para combatir la adicción a estas.

Parece increíble, pero en algún momento de la historia sí hubo vida sin App. Hoy las aplicaciones hacen a veces de maestros, de guías, de papás, de amigos, de libros, de manuales, de psicólogos, de despertadores, de nutriólogos, de entrenadores personales, de enfermeras, de guías espirituales, de agentes de bienes raíces. Incluso hay aplicaciones que hoy se otorgan el nada despreciable rol de ser nuestra conciencia.

Lo que surgió, en los noventas, como novedosas herramientas de agenda para organizar los horarios y las citas, elegir sonidos para el teléfono y uno que otro juego, en los últimos 10 años ha llegado a convertirse como en un tsunami de ofertas para apoyar la vida cotidiana. Ya no hay nada, fácil o difícil, que podamos hacer por nuestra propia cuenta sin la ´amable´ ayuda de una aplicación. Nada más recordemos las dos horas en que Whatsapp (madre de todas las app de comunicación) estuvo caída el pasado 3 de mayo.

Epidemia

La epidemia de las App no deja espacio libre a la imaginación o a la ignorancia. Ofrece desde controlar una enfermedad crónica y sus crisis hasta asegurarse de que sacamos la basura a tiempo. Es un fenómeno tan especializado que ninguna profesión carece de sus App que la cobije: hay aplicaciones para abogados, artistas plásticos, médicos, deportistas de alto rendimiento, contadores, biólogos, locutores, ingenieros, ecólogos y hackers. Sí, existen aplicaciones para aprender a hackear.

En el mundo de las App no se discrimina a nadie. Cuenta con aplicaciones de apoyo dirigidas a personas con discapacidad visual, auditiva o física, para que sepan cómo moverse, comunicarse o encontrar lo que necesitan. Para los estresados y deprimidos existe toda una red de Apps llamada ´e-mental health´, la cual se conformar de cientos de App de consejos, diagnósticos del estado de ánimo y hasta terapia psicológica inmediata. La prevención del suicidio también cuenta con sus propias App.

Basta con pensar en un problema y habrá una App-solución. Inclusive en la cama nos echan la mano las aplicaciones. Las hay para que los hombres descubran cómo llevarnos a esa cima tan mitificada: el orgasmo femenino, y para innovar en posiciones como el ´iKamasutra´ y ´Sex position with sound´. De hecho también para adoptar las mejores posturas si vamos a hacer el amor en el carro, esa es ´Car sex position lite´.

De todo se puede aprender con una simple aplicación: a entrenar perros, cuidar plantas, hablar otros idiomas, cuidar el cerebro para prevenir enfermedades degenerativas, besar apasionadamente, hacer arreglos de electricidad, leer el tarot y el I ching, actuar y bailar ballet, hacer malabares, arreglar licuadoras, dibujar al óleo, mezclar música, cantar ópera y todo lo que uno pueda imaginar. Además, desde la comodidad de llevar al maestro en la bolsa, sin mayores requerimientos y en muchos casos gratis.

Religión, ejercicio y ciencia en el bolsillo

Asimismo, los caminos espirituales también refuerzan su trabajo con las App. Hay misas, ritos, consultas de la biblia y del Corán, envío diario de versículos y prédicas para cristianos y hasta guías para las tomas de ayahuasca. ´The Pope App´, por ejemplo, lleva al Papa a los bolsillos de sus más fervientes seguidores: fotos, videos, discursos y sobre todo señal directa de los eventos en los que se encuentra. Para todas las creencias.

Se supone que muchas App fueron hechas para que seamos mejores personas. ´BetterMe´, entre otras, se encarga de que dejes de auto engañarte con los “5 minutos” más de sueño en la mañana o con el “mañana empiezo dieta” o “voy a ir a hacer ejercicio”. Si no te cumples a ti mismo, y a la App por supuesto, ella tiene cómo saberlo mediante un GPS y pondrá comentarios sobre ti en tus redes sociales. Esa sí es una alternativa de ayuda bajo presión.

Así, todos los aspectos de la vida van de la mano de su App, incluso la muerte. Con ´If I die´ podemos dejar una despedida en texto o video para cuando no estemos. ´Tikker´ predice cuando morirás y te lo recuerda cada minuto, es un reloj de pulsera que lleva la fatídica cuenta regresiva. Muchos agradecen este recordatorio sobre nuestra caducidad para no dejar de disfrutar los instantes. Por su parte, ´iCementery´ es un GPS sólo para cementerios mientras que ´iWish´ ayuda a hacer el clásico listado de cosas pendientes antes de morir y ´Just to say´ brinda las palabras adecuadas cuando hay que hablar en el entierro: será un discurso cliché que enaltece al muerto, pero algo es algo.

La lista es ciertamente interminable, existen App para las cosas más exóticas y menos pensadas. Una aplicación hecha en la NASA entrena las percepciones extrasensoriales y la telepatía. ´Dream:ON´ monitoriza la fase REM del sueño y estimula a la mente para que sueñe una o otra cosa. ´Run Pee´ avisa el momento menos clave de la película para salirse del cine a hacer pipí. Las aplicaciones también apoyan nuestras áreas débiles, ´Simple Pomodoro´ se basa en una técnica para que lograr concentrarse más fácilmente en un tarea.

Y lo que no hace falta

La enumeración también pasa por las aplicaciones más inútiles. ´Hold the Button´ te exhorta a apretar un botón de la pantalla la mayor cantidad de tiempo posible, para ganarle a otros que estén en la misma estúpida tarea. ´Always Bubble Wrap´ es la versión digital del plástico de burbujas para que no tengas límite a la hora de reventarlas. Otro invento único es ´Broken screen´, que hace que la pantalla del celular se vea rota. Punto. Otra rareza es la App ´Yo´ (coloquialmente you), cuya única misión es enviar la palabra ´yo´ a los contactos que también tienen instalada esta App. Así nomás.

´Beer Counter´ lleva la cuenta de las cervezas tomadas, ´Melon Meter´ brinda asesoría para comprar la mejor sandía o melón en el súper, ´Free Pee´ encuentra el baño más cercano, ´El corte del jamón´ enseña a cortar jamón serrano y ´Minube´ sugiere el mejor plan para alguien según su estado de ánimo. ´Advanced lie detector´ ayuda a descubrir quién te dice mentiras según su tono de voz mientras que ´Fake call´ hace falsas llamadas poder salirse de un lugar y ´Flyp´ crea números de teléfono falsos para mantener la privacidad o ser infiel.

Pero se puede caer más bajo. La aplicación ´Hello my name is´ no sirve más que para poner tu nombre en una escarapela virtual, como cuando vas a un taller de grupo. ´Poop Scoop´ que anuncia las popos de perro que hay en el camino y otra que sirve de confesionario para practicar la enumeración de pecados: ´Isin´.

Sin duda, una avalancha imparable de aplicaciones que nos está ahogando. Cuando se baja una, ya existen 23 mejores para ese mismo fin. Ya no sabemos cuál elegir ni qué hacer en medio de esa oferta infinita de posibilidades útiles, estúpidas, fantásticas, imprescindibles. Y mientras tanto, se hace cada vez más fuerte el síndrome de ciber-dependencia y se configura incluso la App- dependencia. Queda la sensación extraña de no saber cómo hemos logrado sobrevivir sin una aplicación que nos ayude a hacer cada cosa bien, nos mida cada gota de sudor o caloría ingerida y nos cuente las veces que pestañeamos.

De ahí que el mismo universo de las aplicaciones haya ideado antídotos para su propia desgracia: aplicaciones para salvarnos de la adicción a las mismas App. ´Checky´ es el inicio para admitir que existe un problema, pues contabiliza cuántas veces al día desbloqueas tu aparato y te va pasando el desastroso reporte. ´Forest´, ofrece una ayuda lúdica y ecológica: la idea es que el usuario planta un árbol virtual que sólo puede crecer gracias a periodos de 30 minutos seguidos sin desbloquear su aparato. Cuando va a desbloquearlo, la aplicación intenta convencerlo de la importancia de llegar a tener un bosque. Y ´QualityTime´, creada para mentes más técnicas, genera un reporte diario, con gráficas y todo, sobre el tiempo que se le regaló a cada App. Una especie de espejo para ver las horas tiradas a la basura. Quien busque rehabilitarse, esta aplicación le hace un plan de tiempos y descansos programados. Vivamos sin App… ¡Sólo por hoy!