Guía para sobrevivir a una exposición de arte como todo un profesional

Desde cómo vestir adecuadamente hasta fingir interés por una pieza que no entiendes en absoluto.

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1. Camina con seguridad.
Desde que llegues haz una entrada con estilo. Si titubeas al caminar parecerá que tiene años que no te paras en una exhibición de este tipo (a lo mejor es cierto, pero la idea es que no lo parezca). Eso sí, no avances por encima de los demás con cara de sabelotodo, porque no se trata de que parezcas guía de museo. La clave en estos casos es ser sutil y natural, sin perder el estilo ni dejar de parecer interesante y contemplativo.

2. Memoriza conceptos artsy.
Si alguien te pregunta algo que no sabes, no te dará tiempo de sacar el teléfono para buscar en Google y contestar con seguridad, digamos, una acertada definición de la “post-guerra fría del concretismo” o del “vanguardismo estético de las tres esferas de Kant”. Lo mejor es que te hagas con un glosario de conceptos muy básicos, como qué es la Bauhaus, el puntillismo, el op art o el arte kitsch. También puedes inventar alguno que otro término y nadie se dará cuenta, todos los días las mismas ideas se reciclan con diferentes etiquetas, así que si defines como “Buñuelismo” una obra que te recuerda a un plato con buñuelos de azúcar, los demás lo tomarán como válido (pensarán que la obra tiene que ver con el surrealismo de Luis Buñuel).

3. Usa frases de cajón.
Ten a la mano –y bien ensayadas– frases exquisitas como: “Me parece una valiosa y conceptual muestra de modernidad” o “Me gusta más lo que hizo en su etapa neo-modernista pasada” o simplemente suelta un “muy interesante” de vez en cuando. Si eres de la escuela de Avelina Lésper, puedes recurrir al mantra “el arte contemporáneo es una farsa” y despotricarlo por toda la galería aunque nadie te esté preguntando. Con esto, te evitas estar opinando profundamente de algo de lo que no tienes ni la más remota idea.

Si te sientes con humor suficiente, puedes jugar al dadaísta y armar cadáveres exquisitos uniendo palabras al azar para formar frases. Utiliza como base las palabras odio, encantador, trascedente, superficial, post, esplendor, caos, instalación o basura, y obtendrás una frase ingeniosa, inteligente y muy artsy como: “Este Esplendor Superficial es Odio Trascendente” o “No me gusta este Caos Superficial”.

4. La pose es básica.
Practica ante el espejo tu cara de mostrar interés. La mano en la barbilla con gestos de asentimiento es de las que mejor funcionan en una muestra de arte. También los gestos de desaprobación y las sonrisas irónicas. Aprende a contener los bostezos.

5. Sé perspicaz con las apariencias.
Ten cuidado con que esa obra que miras con tanta fascinación no sea en realidad el conjunto de los utensilios de limpieza de algún conserje (ha pasado en la vida real y no sólo en Los Simpson). En caso de que te sorprendan admirando la cubeta con detergente como si fuera una consumada muestra existencialista de diseño vanguardista, siempre puedes justificarte diciendo que eres de esas personas refinadas que ven arte hasta en los objetos cotidianos, como los recogedores polvosos con envolturas de cigarros o las jergas exprimidas sobre una escalera bajo una luz blanca que algún afanador olvidó.

6. Apréndete nombres clave.
Sí, memoriza nombres de galeristas, curadores, expositores, instalaciones, etc. de la obra a la que vas. Esto te ayudará a moverte con facilidad en el lugar, sobre todo cuando quieras iniciar una plática sobre tendencias con un grupo de personas con pinta de coleccionistas y les asegures que eres primo hermano de Damien Hirst o que una vez tuviste un affaire con Yayoi Kusama.

Asegúrate de que Damien o Yayoi no estén entre ese grupo de personas cuando presumas tus anécdotas.

7. Instagram, tu mejor amigo…o tu peor enemigo.

Si quieres compartir con tus seguidores y amigos las obras que más te han impresionado, bien vale la pena crear un completo álbum de tu experiencia. Pero por favor, no arruines las fotos con selfies. Se trata de que compartas las propuestas, no de que vean tu cara en primer plano y el arte muy borroso al fondo de la foto.

8. Vístete ad-hoc
A menos de que seas artista, en cuyo caso puedes ir absolutamente como se te dé la reverenda gana, lo más recomendable es lo casual: un saco (sin parches de piel en los codos, por favor) o un vestido cóctel, pero eso sí, no puede faltar una pieza “statement”, como un collar confeccionado por la comunidad aborigen de Papúa Nueva Guinea bajo la dirección de una diseñadora japonesa inspirada en la época azul de Picasso y la decadencia de las Kardashian.

Ahora, que si se trata de una exposición de arte moderno, mientras más experimental sea tu look, mejor. Toma como base una bufanda y de ahí puedes partir para las demás prendas. No vayas de blanco, seguro alguien te va derramar vino tinto encima en algún momento.

9. ¿Comprar o ver?
Si estás dispuesto a invertir, adelante, si no, la experiencia de ver propuestas artísticas de todo el mundo bien vale la pena la visita al museo o a la feria de arte. Está de más recomendarte que no trates de regatear… por ningún motivo, no es pepita y cacahuate.

Si estás interesado, por ejemplo, en las armas confiscadas por el ejército en Ciudad Juárez, intervenidas y transformadas en instrumentos musicales (creación del artista Pedro Reyes), no te pongas a decir bromas al respecto al estilo de “con esto podría escribir algunas killer songs”, recuerda que (casi) todos los artistas de arte contemporáneo se toman su trabajo muy en serio.

10. Acepta la realidad.
Si crees que nada de lo anterior va a funcionar y nadie va a creer que eres un hombre o mujer renacentista, simplemente puedes ir a la expo por el champán, los canapés o para ver si consigues a una pareja que te cultive un poco en las artes plásticas.


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