¿Es diferente la violencia hacia la mujer cuando se vive en una clase acomodada?

Un libro escrito por Desirée Navarro habla de cómo se vive el amor no bonito en las altas esferas sociales.

Hoy es el Día internacional de la eliminación de la violencia para la mujer, el famoso día naranja, una fecha en la que los medios de comunicación y la sociedad se unen para exigir —a los gobiernos y a la ciudadanía— que esta dinámica se erradique. Y aunque las agresiones suceden en todos los estratos sociales, hay un punto de vista interesante al respecto de la que se sufre en la llamada “alta sociedad”.

Desirée Navarro, columnista de moda, diseño y estilo de vida de la élite, habla de este ángulo en su libro titulado ‘¿Es posible morir de amor?’ (editorial Urano), en el cual se dio a la tarea de recopilar esas historias de terror que, sin quererlo, llegaron a ella por medio de confesiones de gente cercana, de mujeres “acomodadas” que llevaban años guardando acosos, agresiones, malos tratos.

“Tenía la ilusión de escribir una novela, llevaba años pensando sobre qué escribir, y de pronto me sucedió algo muy extraño: en mi círculo hubo como una epidemia de divorcios, y me pregunté ¿qué está pasando con las parejas, con las familias? Porque además le sucedía a matrimonios de 20, 30 años, de 10, con hijos, sin hijos, y resultó que mujeres cercanas comenzaron a contarme historias que para mí sonaban de terror, cuando junté como cinco o seis testimonios, supe que no podía quedarme con eso”, explica Desirée Navarro.

¿Y por qué se viviría distinta la violencia en la clase alta que en la media o en la baja?, la autora responde que en el caso de las mujeres entrevistadas encontró que todas estaban educadas para lo que la sociedad quiere que sean: “Por miedo o por no cumplir con lo que se espera de ellas, soportan muchas vejaciones. Siento que la violencia en las clases altas puede ser más fuerte, más silenciosa. Al menos se cuenta con más recursos para quitar a los hijos, para acosar, y las mujeres tienen miedo a decir eso, muchas son amas de casa de hace, no sé, 20 años, y no están preparadas para afrontar esa vida de salir a la calle, trabajar y mantener solas a sus hijos. Muchísimo menos en el nivel en el que sus esposos los tenían acostumbrados. Se convierte en una jaula de oro donde ellas viven controladas y tienen que ceder a lo que sus maridos dicen”.

Con este perfil para sus personajes, la también experta en imagen personal tejió las historias en una especie de novela (que no llega a la ficción porque cuenta relatos de mujeres a las que les cambió el nombre y la profesión para guardar su anonimato), pero todo lo que cuentan es real: “Pensé en un hilo que además sirviera para dar un mensaje como de ‘no estás sola’, ‘hay ayuda profesional’, ‘hay cosas que puedes hacer’, esto además de que el simple hecho de compartir testimonios de mujeres que han vivido violencia ya ayuda… al menos para hacer que quien lo haya vivido no se sienta tan sola”.

Según explica, Desirée Navarro en la entrevista, todas las mujeres con las que platicó mencionan que “preferían morirse, antes que seguir viviendo así con su pareja”. Este trabajo la llevó a involucrarse más con la investigación de cifras, a contactar activistas en derechos humanos y a funcionarios públicos que trabajan en el Instituto Nacional de las Mujeres para apoyar su obra: “Leí la Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares donde dice que dos de cada tres mujeres en México han sufrido violencia y, de ese núcleo, 25% es violencia extrema, las cifras son altísimas: golpes, balazos, cuchilladas, asfixia…”.

¿Hay resurgimiento del feminismo?

Y aunque la violencia hacia la mujer ha existido —podría decirse— desde que comenzaron las relaciones humanas, en la actualidad se percibe un sentimiento global respecto a no tolerarla. La autora opina que esta especie de feminismo ha tomado fuerza gracias a las redes sociales que “han ayudado a que las personas alcen la voz, lo digan, lo denuncien… Eso es algo muy positivo para las campañas sociales, porque así cada quien puede aportar algo, aunque sea pequeño”.

De acuerdo con Navarro, su libro se une a muchas otras causas que intentan hacer algo para eliminar ese “machismo, misoginia, rutina patriarcal, en donde nos han enseñado —desde que nacemos— que tenemos que soportar todo por un matrimonio, por unos hijos, por el éxito, por todo. Estamos acostumbradas a pensar que ciertas agresiones están como parte de la naturaleza humana. Y no, la violencia debe pararse al instante, marcar una línea de respeto, es preciso hacer saber a las mujeres que existen relaciones sanas”.


Agrega que “es nuestra responsabilidad crear conciencia y no permitir violencia, al menos en nuestro círculo social”, de ahí que existan herramientas como El Violentómetro, creada por el Instituto Politécnico Nacional, en donde las mujeres pueden descubrir qué tipo de violencia sufren por parte de los hombres que, supuestamente, más las aman: hermanos, amigos, sus parejas sentimentales. “Es simplemente ayudar a que esos focos rojos se prendan desde que inician estos problemas en una relación amorosa, de amistad o incluso en familia”, concluyó.