El dinero no compra la felicidad, pero sí una vida más larga

Un estudio reciente de la Universidad de Stanford lo demuestra.

Etiquetas:

Justo cuando empezábamos a creer en frases como “No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”, nos cae un baldazo de agua fría en forma de investigación de la Universidad de Stanford. El análisis –publicado recientemente por el Journal of the American Medical Association (JAMA)– asegura que las personas más adineradas pueden vivir hasta 15 años más que las que tienen sus cuentas vacías.

No se trata de un dato aleatorio para asustar a los que viven con menos. Raj Chetty, economista de la Universidad de Stanford y sus colegas revisaron más de mil millones de informes de impuestos en Estados Unidos que van de 1999 a 2014, y registros de gobierno de casi siete millones de muertes en el país antes de llegar a esa conclusión.

Que el dinero atraiga bienestar –y como consecuencia una vida más larga– no sorprende, pero los números que lo evidencian son alarmantes. A los 40 años, los hombres que pertenecen al 1% más rico del país norteamericano pueden esperar vivir 87 años, un promedio record a nivel mundial, mientras que el 1% más pobre tiene una esperanza de vida de 72, la misma que en Sudán y otros países menos desarrollados.

Entre las mujeres la cosa no mejora mucho. Las que encabezan la lista de las más pudientes viven alrededor de 89 años, mientras que las que menos dinero tienen llegan a los 79. Para darle dimensión a esta proporción basta con saber que esos 10 años de diferencia son los mismos que puede perder una persona que fuma toda su vida. Solo que en este caso, vivir más –o ganar más, que viene a ser lo mismo– no depende sólo de la fuerza de voluntad. Además, la brecha de años de vida entre ricos y pobres ha aumentado en el país yanqui desde el año 2000. Los más acaudalados ganaron tres años de vida desde entonces, mientras que los más humildes no vieron ninguna diferencia.

En la ciudad los pobres viven más
Sí eres de los que cuentan los días para arreglar tus finanzas, empacar y mudarte al campo para vivir más, piénsalo de nuevo. El estudio de Stanford desmiente el mito de que las grandes ciudades absorben años. En metrópolis como Nueva York o San Francisco, los habitantes de menores recursos tienen mayores expectativas de vida que en Detroit o Tulsa. Chetty, el autor líder del estudio, sospecha que las políticas que han tenido que aplicar las grandes urbes para mejorar sus condiciones de vida, como prohibir fumar en zonas públicas, o controlar los ingredientes de los alimentos industrializados, acaban beneficiando a todos los habitantes, ricos o pobres. Además, los hábitos saludables son contagiosos, y estos suelen ser tendencia en las grandes ciudades.


Un sistema cuestionable
Además de motivar a los lectores a sacarse un MBA, emprender o pedir un ascenso, el estudio tiene implicaciones en las políticas públicas y sociales de Estados Unidos. El hecho de que los ricos vivan más que los pobres significa que los menos pudientes están invirtiendo en proporción en la seguridad social lo mismo que los más adinerados, pero no disfrutan sus beneficios por la misma cantidad de tiempo.

“Si pensamos en una política en la que la edad de jubilación va de acuerdo a la esperanza de vida, tenemos que especificar de cuál esperanza de vida estamos hablando”, dice Chetty en un artículo de la Universidad de Stanford. “De lo contrario estaríamos afectando a los más pobres”.

El estudio abre puertas para seguir profundizando en el tema y analizando sus porqués, que todavía no son muy claros. Mientras tanto, y si la intención del lector es llegar a muy viejo, nunca es tarde para reconsiderar una carrera más lucrativa.