Tinder y sus hostilidades, ¡cuidado!

A pesar de la ligereza y velocidad de los perfiles, las fotos y los likes, en las redes para conocer gente todos buscan algo, todos son vulnerables.

Hola Paulina,

He de confesar que el tiempo que pasamos juntos fue maravilloso. Eres una mujer muy interesante, casi que pude entender más de mí gracias a lo que me enseñaste de astrología, sí, soy un cáncer que más parece un obsesivo escorpión. Me hiciste reír muchísimo con tus ocurrencias y agradezco los momentos en que estuviste para escuchar mis tonterías. Sin embargo, quiero decirte que creo que no estoy en el momento de estar con nadie. Deseo que este año conozcas Rusia y te tomes una selfie en la Plaza Roja, con tu gorro de zorro, como de otras vidas, y que pronto tengas a tu lado a ese gatito ojos miel que anhelas como compañía. Se van a querer mucho los dos. A ver si la vida nos junta de nuevo más adelante. Ah, no dejes de tocar la guitarra, guapa talentosa.

Marcelo

Ni Paulina y Marcelo tienen una relación. Ni llevan tiempo saliendo juntos. Ni se conocen bien. Ni han compartido más de una hora cara a cara. Tampoco es probable que exista una carta así entre dos personas que se conocieron en Tinder, compartieron 73 chats, se enviaron 26 fotos (una que otra sexy) y un día comieron un helado juntos. Por el contrario, estas aplicaciones para conocer gente –para hacer amigos, enamorarse o coger- pueden terminar convirtiéndose en espacios hostiles, de donde muchos se exponen a salir lastimados.

La evidente epidemia de soledad que se vive hoy en todo el planeta se ve reflejada en las 40 millones de veces que Tinder ha sido descargada desde su aparición en 2012 y en que 30 millones de personas revisan cerca de 1,200 millones de prospectos cada día. Sólo en Tinder, sin contar las otras tantas herramientas de este tipo. Cada uno de esos usuarios está dentro de la aplicación en búsqueda de llenar un vacío: alguien con quien salir, alguien con quien conversar, alguien con quien coger, alguien con quien ir al cine, alguien con quien sólo tomar una copa, alguien con quien dormir o de quien enamorarse. Alguien.

Cuando delatan frustración y dolor

Aunque, en muchos casos, estas redes (hookups/app) han sido eficaces para juntar gente y hasta se vanaglorian de ser casamenteras, y ni hablar de otros tantos encuentros sórdidos, numerosas experiencias delatan frustración y dolor en la autoestima. Desde el match y las conversaciones iniciales las cosas pueden no ser tan gratas. Si todos los usuarios arman su perfil con miras a llenar algún hueco, es decir, se evidencian vulnerables, pareciera contradictorio que nos deshumanicemos al punto de buscar y ser hallados como en una mera venta por catálogo.

Las mejores fotos con los ángulos más bondadosos, defectos disimulados, texto de presentación atractivo, original. Todo listo para vendernos. Como dice Alfonso, escritor, sobre estas redes: al contrario de reunirnos más como humanos, nos terminamos cosificando a nosotros mismos y a los otros. Uno no es un listado de características ni una o varias fotos y menos 10 palabras de descripción, ese perfil no dice absolutamente nada de ti. “Es triste que te tengas que sintetizar a eso para coger con alguien. Te vuelves bidimensional, los seres humanos somos mucho más complejos”.

Y quizás de esa reducción para caber en un perfil, y que sea atractivo para ligar, se derivan una suerte de formas de maltrato al otro. “Es nefasto que los chavos no digan que tienen novia y que asuman de antemano que estás ahí solamente para coger. Es agresivo asumir que el otro quiere lo mismo que uno. Yo puedo querer coger, lo grave es que ellos den por hecho que una mujer que quiere coger es una ´puta´ porque desde ahí en adelante el trato es distinto, entra esta doble moral y machismo a rotular a las mujeres que viven su libertad sexual”, expresa Lina, quien recuerda que en esos casos le ha pasado que se pierde la cortesía que hay cuando conoces a otra persona en una fiesta o te la presenta alguien y se da un trato menos amable, como empolvado por el prejuicio.

Ghosting, texting, match

Otra forma de descuido con el otro es el silencio. Después de estar chateando por un tiempo, aplicar la cruel estrategia del ´ghosting´, no contestar nada. “Llevábamos meses escribiéndonos, ya nos contábamos de todo, había mucha confianza e incluso llegamos al sexting, pero un día dejó de responder, le pregunté qué pasaba y nada. No supe más de ella. Me deprimí pensando qué no le gustó de mi”, cuenta Mauricio. Eso de no poner la cara es muy común, como dice Rodrigo, hay gente que literalmente colecciona matches y contactos en whatsapp, “primero hablan mucho, te halagan, te piden insistentemente tu teléfono y luego no pasa la conversación de un hola, para al final quedarse en el olvido de un contacto en tu celular y tu Tinder; es como un juego de ver a cuántos les sacan el teléfono.

Parece una tontería, gajes del oficio, pero a muchos les hace daño esa reacción de fantasma, aunque sea en el chat… Al punto que en varios perfiles dejan claro que “No se vale dar like y jugar al muro”, “Si no vas a contestar, no me elijas”, “Si te gusto, no me dejes hablando sola”. Aunque el extremo opuesto también estropea autoestimas. Pasa que si empiezas a conocer al otro y un día te das cuenta que no llena tus expectativas, por cualquier razón, o que no te gusta, te van diciendo las cosas sin calcular el impacto. “Hicimos match y platicamos por Facebook, después de una semana hablando, no lográbamos vernos porque ambos estábamos ocupados, comparte Mariana, y un día le escribo para saber qué estaba haciendo y me dice hola zor… zor-rita. Lo borré”. O como le pasó a Carlos, que una amistad de semanas en el chat acabó con “qué asco, estás bien gordo. Agradece que te di like”.

Unos sufren por más y otros por menos. Los prejuicios también averían el amor propio y las posibilidades. Margarita no hacía match con nadie hasta que cambio su descripción de “ingeniera bioquímica” a “artista”. “No hacer match con casi nadie se siente gacho, la autoestima se va al carajo, me decepcioné de Tinder. Entré por autoafirmarme, para que alguien me dijera que estoy guapo y que le gusto, después de haber acabado una relación de muchos años”, confiesa Mario. O como narra Lis, “mi experiencia en Tinder se reduce a un constante fracaso, aun no entiendo cuál es el fin último de la aplicación. Yo cada vez que termino una relación, la activo para buscar a alguien que llene el vacío que se apodera de mi, pero una mujer que me gustaba me dejó de hablar cuando supo que no tenía auto…”.

La elección de cariño por catálogo no deja de ser odiosa: “mándame otras fotos, ¿tienes alguna de cuerpo entero?, ¿qué tan reciente es esa foto?, prefiero una selfie para saber cómo estás hoy”. Como bien comenta Eduardo, “por lo inmediato y rápido que es su mecanismo, realmente no tienes tiempo de conocer a las personas. La hostilidad radica en la forma cómo está estructurada la aplicación y su dinámica, hace que pre juzguemos. Antes todo era más lento, ahora te abruma la opción de conocer a 30 o 40 personas a la vez”.

Ellas y ellos

Además las expectativas tienden a variar mucho entre hombres y mujeres, cuando hablamos de estas herramientas para encuentros heterosexuales. Muchos coinciden en haber escuchado la reiterada frase: “Para qué estás en Tinder… Tinder es sólo para coger. En Tinder no van a conseguir esposos”. O como cómicamente alguien enfatizó en su perfil: “Si buscas a tu príncipe azul, no soy yo”, que contrasta con lo que comenta Juan Pablo: es muy curioso que 80% de las chicas acentúan en su descripción de perfil: “citas casuales de sexo, absténganse”.

La diferencia entre las reacciones de ellos y ellas también se evidencia en un experimento social (como una cámara escondida) realizado para una primera cita de Tinder, al cual llega la chica (o el chico) mucho más gordo(a) de lo que se veía en sus fotos. Ellas se quedan conversando con él, amables y sin problema, aunque no se parezca al de la foto y frustre sus expectativas de apariencia física. Mientras que ellos se comportan lejanos, antipáticos y se terminan yendo a los 5 minutos del lado de ella. Producto de esa dinámica, una encuesta reveló que lo que más miedo le da a la mayoría de las chicas a la hora de enfrentar una cita de Tinder es que termine siendo un asesino en serie. Mientras que ellos a lo que más le temen es a encontrarse con una gorda.

Así las cosas, pareciera que entre más herramientas tenemos para estar cerca, estamos más incomunicados. El filósofo Zygmut Bauman lo retrata claramente al decir que “En el mundo online es suficiente oprimir una tecla para romper una “relación” que ya no nos satisface o para mantener cierta distancia con los antiguos “amigos” que han abusado de la hospitalidad. En otras palabras, ofrece un sentimiento placentero de “estar cerca”, sin la amenaza real de que el otro individuo se acerque tanto que incomode.

“No olvidaré, dice Mercedes, cuando uno de Tinder me pidió que le diera mi teléfono para platicar. Me caía bien y se lo di. Fue una larga llamada en la que me contó sus problemas, miedos, tristezas, y hasta lloró. Necesitaba hablar y ser consolado”. Una prueba más de que Tinder no es sólo para coger, sino apenas un micro universo que delata lo que está pasando en el mundo y cómo nos estamos relacionando en estos tiempos: la gente se siente sola. Todos buscan algo. Quizás ser escuchados.

Protocolo de respeto mínimo:

Si te hablan, contesta

Lo que buscas, exprésalo

Si algo te parece raro, pregunta

Si no te gusta, dilo

Si vas a borrar un perfil, avisa

Siempre piensa que detrás de ese perfil hay un ser humano

Trata como te gustaría que te trataran.