Carrera por la gloria

El autódromo Hermanos Rodríguez se prepara para atestiguar las hazañas de la nueva generación de pilotos.

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En 1986 Bernie Ecclestone espetó: “México puso el corazón por delante”. Las palabras del entonces presidente y director ejecutivo de la Formula One Management y Formula One Administration describían la adrenalina del puntual arranque del Gran Premio de México. Se establecía la diferencia crucial entre cualquier latitud que albergara el campeonato y el país. “Ese año nos llevamos el premio al mejor Grand Prix organizado. Empatamos con Hungría, pero Eccleston dijo que México lo hacía totalmente pasional”, evoca el experto en automovilismo Manuel “Chacho” Medina, que fungía entonces como Comisario Deportivo de la competencia.

Fue en 1963 cuando por vez primera el país albergó el Gran Premio puntuable para el campeonato mundial de la F1. Aquel octubre nacía una tradición equiparable a la de cualquier punto donde llegaba la competencia. En México lo había todo. Ídolos del volante como los míticos hermanos Rodríguez, Billy Sprowls, Juan Carlos Bolaños, Héctor Rebaque y Memo Rojas; grandes inversiones y patrocinadores (IUSA, PEMEX); gradas que albergaban aristócratas internacionales, celebridades y políticos. Mayormente en actitud low-profile

“No era el plan político de ahora, de aparecer en la foto. Les apasionaba genuinamente”, comenta el experto. La pasión de las pistas era imposible de esquivar. El mismo expresidente Adolfo López Mateos hacía más que acudir a las carreras. Corría las propias. “Se escapaba de sus guaruras a la carretera de Cuernavaca para manejar rápido. No era un acto político, lo hacía por el gusto”.

Amigos, automóviles y champán una 'fórmula' perfecta

En tiempos de Gustavo Díaz Ordaz, era uno de sus hijos quien acudía e incluso patrocinaba al piloto Moisés Solana. A lo largo de dos épocas, de 1963 a 1970 y de 1982 a 1992, por las gradas, pits y palcos desfilaban figuras como la ex Miss Universo Christian Martell, Tin Tan, ídolos del rock & roll mexicano como Enrique Guzmán y César Costa, y reinas de belleza y actrices convertidas en reinas de la pista.

En 1964 Lorena Velázquez tomó el podio para coronar a Dan Gurney junto al Duque de Edimburgo, el Príncipe Felipe, en una final en la que Jim Clark se impuso a John Surtees y Graham Hill. Se trataba de la primera vez en que un piloto se coronaba campeón en México. Libia Zulema López, que en 1970 (el último GP de la primera época) premiaba al belga Jacky Ickx, quien a la fecha es el piloto más joven en triunfar en los circuitos mexicanos.

El autódromo Hermanos Rodríguez atestiguó las hazañas de leyendas internacionales como Jody Schecter, Emerson Fittipaldi, Michael Schumacher y Ayrton Senna. Todos, agasajados con fiestas magnánimas, como la que Ferrari ofreció en 1986 en el Hotel Camino Real para celebrar el regreso de la Fórmula 1. “Siempre ha sido un evento con glamour”. La nueva era no distará mucho. “Será como siempre: un evento que va mucho más allá de una carrera normal”, anticipa Medina.
 

Artículo publicado originalmente en nuestra versión impresa de octubre.