30 años de México 86

El futbol logró que parte de los mexicanos se olvidara de los daños provocados por los sismos de 1985, ni la crisis económica o política hizo dejar de pensar en el balón.

Al mediodía del sábado 31 de mayo de 1986 yo tenía diez años, cursaba el cuarto año de primaria y odiaba el futbol porque cada vez que transmitían por televisión un partido “importante” quitaban mis caricaturas favoritas.

Ese día fue histórico, no tanto porque se inauguraba el Mundial sino por la más grande rechifla en contra de un presidente de la República. Las palabras de bienvenida de Miguel de la Madrid Hurtado casi no se podían escuchar. Fueron opacadas por la protesta masiva de unas 100 mil personas que llenaron el Estadio Azteca para recordarle su pésimo desempeño durante los trabajos de rescate después de los sismos del año anterior. No pasó a más. Lo importante era el futbol. El llamado opio del pueblo. Una vez que rodó el balón en el partido entre búlgaros e italianos, lo del abucheo quedó en el pasado.

El lunes siguiente ese rencor infantil que le guardaba al futbol desapareció como por arte de magia. Una circular emitida por la dirección escolar advertía: Estimados padres de familia: “El día de mañana, martes 3 de junio la salida de clases será a las 11 de la mañana para que puedan disfrutar junto con sus hijos del debut de la selección mexicana de futbol contra su similar de Bélgica en el marco de (bla, bla, bla)…”.

Me pregunté: ¿qué tan importante era el futbol como para dejarnos salir temprano de la escuela? Por supuesto que en ese momento no dimensioné la importancia social, cultural o económica del “balompié”. Pero ese 3 de junio comencé un largo romance con el futbol que, debo confesar, hoy sufre su peor crisis de fidelidad.

Ahora entiendo con plena certeza la frase acuñada por Jorge Valdano, exfutbolista y campeón con Argentina justo en ese 1986: “el futbol es lo más importante de lo menos importante”.

En el México de 1986 un kilo de tortillas costaba 500 pesos, uno de carne hasta 18 mil, un auto Volkswagen –mejor conocido como vocho– rondaba los 7 millones y una televisión de 19 pulgadas a colores se cotizaba en 100 mil pesos.

Cuatro años antes el gobierno mexicano declaró la suspensión de pagos ante sus acreedores internacionales, negoció su deuda externa (a un costo de 6% del PIB) y vivió un largo periodo de recesión que fue llamado por los analistas como “la década perdida”. Según Carlos Tello, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM, el sexenio entre 1982 y 1988 fue desastroso: el PIB per cápita se redujo 2.1% en términos reales; los precios se dispararon hasta en 90%; y el peso mexicano se devaluó más de 4 mil por ciento pasando de 57 pesos a 2,284 pesos por dólar.

Sin embargo, el deporte más popular del mundo fue capaz de borrar la pobreza… durante un mes. Utilizando a un ejército de jóvenes que no tenía nada mejor que hacer, los meses previos al arranque de la Copa del Mundo 1986 fueron para el municipio de Nezahualcóyotl, perteneciente al Estado de México, horas de trabajos voluntariamente a fuerzas.

Pintar bardas y banquetas, construir macetas y sembrarles flores, levantar un gran muro con arcos para recibir a los visitantes y ocultar la miseria en la ruta rumbo al estadio, fueron algunas de las tareas urgentes que Rafael Lebrija, coordinador de esa “sub sede”, sugirió al presidencia municipal José Lucio Ramírez Ornelas. Neza, como se le dice de cariño a esa localidad, era entonces una de las tres ciudades más pobladas del país. Tres de los casi 80 millones que conformaban la población total de México vivían ahí.

Para generar “empatía” con la gente, lo primero que se hizo fue cambiarle el nombre al estadio en el que se jugarían tan sólo tres partidos de la justa internacional. Inaugurado en 1981 por el presidente José López Portillo, el estadio “José López Portillo” fue rebautizado como “Estadio Neza 86”. Hasta ahí llegó el rockstar Rod Stewart para apoyar a su equipo, el escocés, que junto a Dinamarca y Uruguay jugaron algunos de sus encuentros en este municipio que lleva el mismo nombre del gran poeta, arquitecto y estratega militar prehispánico.

Treinta años después y debido al tipo de suelo en el que fue construido, el estadio sufre hundimientos en las gradas del lado sur por lo que, hace tres años, el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, anunció que sería remodelado mediante una inversión de 100 millones de pesos. Hoy, en pleno Siglo XXI, Nezahualcóyotl es el quinto municipio con mayor número de personas en situación de pobreza: 462 mil 605, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Hoy, los administradores del balompié nacional sueñan con que México organice su tercer Mundial de Futbol. Lo quieren hacer realidad en 2026 y, para eso, ya hicieron oficial su petición ante la FIFA para inscribirse a este proceso en el que también participarán Canadá, Colombia y Marruecos. La decisión final se tomará el 20 de mayo del año 2020.

La competencia por ganar la audiencia televisiva durante el Mundial México 86 se dio entre Televisa y el Instituto Mexicano de la Televisión (Imevisión) porque no había más opción. De un lado Gerardo Peña Kegel y Juan Dosal eran los comentaristas estrella. Del otro, José Ramón Fernández, puso en marcha un concepto que permanece (ya sin él) hasta nuestros días: Los Protagonistas.
 

El consumo de los partidos de futbol por televisión también cambió en treinta años. “Mi hijo y mis sobrinos no vieron la final de la Champions en la tele. Lo hicieron desde sus dispositivos móviles. Conectados a internet”, me dice Peña Kegel quien se puso algo nostálgocio. “El primer mundial de futbol que se transmitió en vivo, vía satélite, a todo el mundo fue el de Inglaterra 1966. Si comparamos la narración de Don Fernando Marcos con las del 86 y con las de 2014 en Brasil, veremos que han cambiado mucho”.

José Ramón Fernández,
considerado el periodista deportivo más polémico de México sostiene que hoy en día las transmisiones televisivas suceden en otro contexto. “Ahora son otras condiciones. Otro tipo de televisión: muy competida, muy peleada, entre la televisión de paga y la televisión abierta que ha ido un poco en picada”. Como industria, indica “Joserra” (como le dicen sus cercanos), el futbol se transformó radicalmente porque ahora “es un deporte globalizado donde la mercadotecnia es la que manda. La venta de camisetas, la venta de derechos de transmisiones de televisión es el gran negocio”.

Una de las figuras más importantes para la televisión de 1986, en términos comerciales, fue Hugo Sánchez. El mejor futbolista mexicano (por lo menos el que tiene más triunfos en su carrera) era el broche de oro perfecto para conectar la futbolmanía del Mundial con las ventas y los patrocinios. El también odontólogo aprovechó hasta su otra vocación para realizar comerciales para conocida marca de pasta dental. Sin embargo, en la cancha no hubo el brillo de los reflectores de los sets televisivos.

*Lee el texto completo en la edición impresa de julio 2016.