10 cosas que puedes hacer si te has quedado sin vacaciones

Sabemos que lo primordial es llorar, maldecir y quejarse, pero una vez hayas hecho eso intenta estas otras.

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1. COME FRUTA FRESCA
Y no lo decimos porque lo cante Odisea Burbujas. Es que en primavera es tiempo de algunas de las frutas más deliciosas y refrescantes que hay, como los duraznos, el melón o la sandía. Cómprate una licuadora y hazte batidos (y no los llames smoothies, por el amor de dios). Bebe estos licuados hasta reventar bajo el abrazo gélido de tu aparato de aire acondicionado o bajo la brisa que despide tu ventilador, con las cortinas cerradas. Estás en el paraíso. ¿Qué tienes que envidiarle a los que se están derritiendo en una playa de Acapulco?

2. ESCRIBE UNA CARTA A TU YO DEL FUTURO
Que puede empezar del siguiente modo:

Querido yo del futuro,
tu yo del pasado se ha quedado sin vacaciones y se aburre a morir.

Cuando la leas dentro de diez años, ya millonario y vacacionando en tu mansión de Bali, te acordarás de este momento con ternura. Pensarás en cómo disfrutabas de los pequeños detalles cuando no tenías demasiado. Llegarás a echarlo de menos. Meditarás sobre el sentido de la vida.

3. CORRE
No tiene nada que ver con hacer deporte. Correr por un lugar bonito sin huir de nada ni tener un destino fijo es un acto extrañamente liberador. Hazlo con la banda sonora de una película épica o con alguna bonita pieza de música clásica, deja a David Guetta para otra ocasión. Saluda a los conocidos y enternécete con los ancianos que hacen jogging sin saberlo porque afortunadamente nunca han escuchado la palabra jogging. Y confiesa, ¿cuánto hacía que no corrías veloz y ligero bajo la luz del atardecer? A menos que seas futbolista, apostamos que mucho.

Si no tienes vacaciones, ¡felicidades!

4. DUERME
Oh, no hay nada mejor que dormir. ¿Cuánto hace que no te acuestas sin pensar en qué tienes que hacer al día siguiente?

5. LEE MUCHO Y BIEN
Hazte con muchos libros. Lee sobre el resto del mundo. Acaba de publicarse la novela de Haruki Murakami, Hombres sin mujeres. ¿No te parece que el destino te está diciendo que deberías quedarte leyendo en la frescura de tu hogar en vez de irte de picnic a la playa?

6. APROVECHA PARA CONOCER A TUS VECINOS
Es posible que alguno de ellos sea simpático. Es posible que alguno de ellos tenga una empresa de importación de aceites o de colonias y te colme de muestras. Es posible que alguno de ellos tenga un sistema de refrigeración increíble en su apartamento, una terraza con asador o una casa con piscina a una distancia prudencial. Y lo más importante, es posible que alguno de ellos sea atractivo y puedas acostarte con él para entretenerte durante estos días de asueto. Si resulta que tiene pareja y esta llega antes de sus vacaciones sin avisar, vuelve al punto número 3.

7. ESCRIBE TU TESTAMENTO
Y recuerda: si tienes un hijo que es un auténtico indeseable que no te tiemble el pulso a la hora de dejarle poco más que la legítima. Es más: si lo único que tienes son fincas, déjale todas las que están llenas de maleza. Hazle probar de su propia medicina.

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8. APROVECHA PARA VISITAR A ESOS TÍOS ABUELOS QUE HACE TIEMPO QUE NO VES
Diles que estás aprovechando estos días festivos para elaborar tu árbol genealógico. Y si descubres que ya han muerto aprovecha para interesarte por su testamento.

9. AYUDA A UNA PROTECTORA DE ANIMALES

No solo puedes adoptar a un gato o a un perro que te lo agradecerán para siempre. Si no tienes sitio o ganas de traer a un amiguito a tu casa, puedes sencillamente ayudar llevándoles comida o cediéndoles esa vieja camita del gato de tu abuela que está abandonada en el trastero.

10. PASEA POR TU PROPIA CIUDAD COMO SI FUERAS UN TURISTA
Siempre vas de casa al trabajo y del trabajo a casa. Solo cambias de ruta cuando te toca ir a comer a casa de tus padres los sábados a mediodía y cuando te pierdes volviendo borracho a tu hogar los domingos por la mañana. ¡Rompe esta rutina! Cómprate una guía turística sobre tu propio lugar de residencia y descubre lugares hermosos en los que nunca habías reparado. Entra en las iglesias de tu pueblo. Lee sobre sus frisos y santos. Entérate de qué personalidades están escondidas bajo su suelo. Paga por visitar el museo de tu localidad. Permítete entrar a comer en ese restaurante por delante del que siempre pasas y en el que nunca te has detenido. Es posible que haya mucha gente a cientos de kilómetros de distancia que lo recuerdan como el mejor en el que han estado. Es posible que hasta tenga un par de estrellas Michelín.

¿Qué otras cosas puedes hacer en vacaciones? Conoce la segunda parte de la lista haciendo clic aquí.