Brasil, un anfitrión en problemas

A pocos meses de los juegos olímpicos, el país sede tiene asuntos más urgentes que atender.

Los deportistas entrenan a tope, el sorteo de la Fifa ya quedó y Nintendo acaba de lanzar su juego “Mario y Sonic en Río 2016”. Casi todos están listos para los juegos olímpicos de agosto, todos menos Brasil. El país carioca hace tiempo que dejó de lado los festejos, cambió los bailes por protestas, los records de crecimiento económico por inflación y las garotas por muñecos inflables de políticos disfrazados de bandidos.

Dilma Rousseff, la misma presidenta que en 2012 cosechaba una imagen positiva del 77% según el Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (IBOPE), hoy tiene un pie en su silla presidencial y el otro en un juzgado, acusada de violar normas fiscales. Tanto así que Michel Temer, vicepresidente de Brasil, ya se ve como el nuevo mandatario. Hace unos días difundió un audio “por accidente” que había preparado en caso de que suspendan a Rousseff de su cargo. Como si se tratara del mismísimo jefe de estado, Temer explicaba en la grabación cómo sería un gobierno con él al mando.

El desplome de la popularidad de Rousseff no es cosa nueva. Una encuesta del diario Folha de S. Paulo señaló en junio del año pasado que solo 10% de los encuestados catalogaban a su gobierno de "bueno u óptimo”. Pero la posibilidad de una destitución nunca había sido tan palpable como ahora. Mientras en grafitis, pancartas y camisetas de todo el país se lee “Fora Dilma”, Brasil se hunde en la doble crisis que ha logrado opacar la llegada del evento deportivo del año.

La peor recesión en 25 años
En 2010, Brasil anunciaba su mayor expansión en 24 años, con un crecimiento estrella de 7.5% y un desempeño especialmente bueno de la industria. El mismo numerito volvió a protagonizar las noticias del país a mediados del año pasado, pero esta vez indicaba otro dato: su tasa de desempleo (7.5%). El país que hace unos años presumía ser parte de los BRICS -un exclusivísimo grupo de economías emergentes al que también pertenece Rusia, India, China y Sudáfrica- hoy enfrenta su peor recesión en 25 años y, posiblemente y según analistas, la más devastadora en un siglo.

La mala hora de Brasil lo ha dejado con los bolsillos vacíos. En 2015 su economía se contrajo 3.8% y, como si de una mala broma se tratase, obtuvo el segundo peor puesto en desempeño de América Latina, solo detrás de Venezuela. Los expertos prevén que la economía del país seguirá a la baja y retrocederá 3.45% este año.

Cuando le preguntan a Rousseff por qué su país está en la mala, ella se lo atribuye principalmente a turbulencias globales, como la inestabilidad de la economía de China, el principal destino de las exportaciones brasileñas. Para la mayoría, los motivos están a la orden del día: la baja de los precios en los commodities, una administración presupuestaria lejos de perfecta y un escándalo de corrupción que moja a las ramas ejecutiva y legislativa y espanta a los inversionistas.

Carnaval Político
Olvídate de las carrozas, la samba y los desfiles, por estos días el verdadero carnaval de Brasil está en sus instituciones políticas. Rousseff no es la única que está bajo la lupa de la justicia brasileña, hay muchos políticos salpicados por el caso Petrobras, un escándalo de corrupción masivo que azota a la petrolera nacional. La empresa licitaba sus grandes obras a compañías constructoras de Brasil y se desviaba un porcentaje de alrededor de 3% de ese dinero en sobornos para políticos y empresarios. Después, usaban negocios de lavanderías, hoteles o gasolineras para reintroducir ese dinero al sistema.

Además de Rousseff, hay cuatro expresidentes brasileños involucrados en el escándalo, entre ellos Lula da Silva, el exmandatario que en su época protagonizaba casos de estudio por sus buenas prácticas. En marzo el caso se hizo aún más mediático, mayor luego de que detuvieran a da Silva por un corto tiempo. Casi a su salida, Rousseff lo nombró jefe de personal, una decisión muy polémica que muchos asumieron como un complot para evitar que el expresidente rindiera cuentas en prisión, ya que los miembros del gabinete no pueden ser juzgados.

Pero el motivo por el cual Rousseff podría ser destituida de su cargo no es ese, si no que presuntamente maquilló el déficit presupuestal. Una comisión de diputados aprobó el lunes un informe a favor de someterla a juicio político, pero antes de que sus detractores puedan cantar victoria, la decisión tiene que ser aprobada por la Cámara de Diputados y después por el Senado.

Mientras el gobierno se concentra en evadir la prisión y los brasileños siguen asumiendo las dificultades económicas —por no mencionar la epidemia del zika, que ha causado más de 70 muertes en lo que va del año en el país— los olímpicos siguen en marcha, como si se tratara de una realidad paralela. A cuatro meses del evento, la mitad de los boletos no se han vendido, salió a decir el nuevo ministro de deportes, Ricardo Leyser hace poco más de una semana. En tiempos de crisis, hasta el jogo bonito pasa a segundo plano.