La pasión española de Yves Saint Laurent

Tenía 23 años, acababa de alcanzar la gloria y congregó a 2,000 personas. Así fue la visita del modisto francés a España, un país que marcó su estilo

Kouka, la modelo favorita de la casa Dior, abrió el desfile. Sonsoles Diez de Rivera recuerda como si fuera ayer el frufrú del shantung de seda y la organza de los vestidos al cruzar los salones del palacio de Liria, entre tapices del siglo XV y cuadros de Zurbarán, Goya o Murillo. “En aquel momento, Saint Laurent no era Saint Laurent. Era un chiquilicuatre. Me lo parecía a mí, que tenía 19 años... —cuenta la aristócrata—. Me invitaron a desfilar pero no pude, estaba embarazada y no me habrían entrado los trajes. Me fastidió muchísimo, porque soy exhibicionista. Así que lo vi sentada con mi madre [María Sonsoles de Icaza, marquesa de Llanzol, musa de Balenciaga]. Fue una preciosidad. De esos desfiles donde te habría gustado hacerte 10 cosas”.

El 11 de abril de 1959 Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, XVIII duquesa de Alba, abrió las puertas del su palacio en Madrid a un tímido modisto que, pertrechado tras sus gafas de pasta de miope, acababa de alcanzar la gloria en París al convertirse en el sucesor de Christian Dior, muerto dos años antes. Y, de paso, en el couturier más joven de la historia: Yves Henri Donat Mathieu Saint Laurent (Orán, Argelia, 1936). Entre el público, 2,000 personas, según el diario ABC. El quién es quién de la alta sociedad y la aristocracia de la época: Carmen Franco, marquesa de Villaverde, Cristina de Baviera, Blanca Romanones, Fernanda Primo de Rivera Urquijo, la infanta Alicia de Borbón o la millonaria chilena Patricia López Willshaw, quien en 1961 se convertiría en la primera clienta de la maison Saint Laurent. Carlos Fitz James Stuart, el actual duque de Alba que entonces contaba con 10 años de edad, se sentó en primera fila mientras su madre, “vestida con un maravilloso traje de gasa azul, cruzó los salones acompañada de Yves Saint Laurent, que al natural resulta muchísimo más joven que en las fotografías”, relató el diario.

Los 115 modelos se presentaron “con una música de fondo perfectamente dosificada” que “acompañaba el paso de las delgadísimas maniquíes”, entre ellas Charo del Palacio, futura condesa de Montarco. “Caminaban con la cadera hacia delante, no como ahora que parecen caballos, con el pompis fuera. Antes, el pompis no existía. Era de baja estofa mostrarlo”, señala Diez de Rivera. “La duquesa de Alba organizó el desfile a beneficio de su principal obra de caridad, las Escuelas Salesianas. Fue espléndido, muy original. Las modelos bajaban por las escaleras y cruzaban los salones —el de baile, el italiano, el salón Bouché, el comedor—. Saint Laurent era de una exquisitez increíble”, añade Beatriz Cabot Lodge de Oyarzábal, otra de las invitadas al acto que recaudó “un millón de pesetas para los muchachos de las Escuelas Salesianas de Francos Rodríguez”.

La creencia más extendida es que Yves Saint Laurent jamás pisó este país. “No ha viajado en su vida a España, pero ha conseguido reflejar lo español, de Carmen a Goya, de Balenciaga a Zurbarán, están sus gitanas...”, decía la biblia de la moda André Leon Talley en 2000 a The New York Times. Pero su estancia fugaz aquella primavera de 1959 cambió el rumbo del modisto más importante de la segunda mitad del siglo XX. Su pasión por la España que cautivó a los románticos del XIX francés no le abandonaría jamás. Y estará presente en el número 5 de la Avenue Marceau, sede de la maison entre 1974 y 2002 que alberga el nuevo Museo Yves Saint Laurent de París, que se inaugura el 3 de octubre y que alternará retrospectivas y exposiciones temáticas.

*Lee el artículo completo en la edición de septiembre de Vanity Fair México.

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