Tribus gastronómicas: comemos lo que creemos

Alimentarse es también una postura política y social a través de la cual aparecen, se expanden y diversifican sectas gastronómicas: crudívoros, veganos, ayurvedos, paleos…

Comer ya no es cuestión solamente de gustos y las restricciones en la dieta tienen que ver cada vez menos con alergias o antipatías a ciertos alimentos. Lo que cada cual pone en su plato más bien obedece a manifestaciones de política culinaria.

Se sientan precedentes desde el mismo instante en el que el tenedor entra a la boca, pues lo que comemos está íntimamente relacionado con convicciones ideológicas, búsquedas de una vida más sana, decisiones espirituales, posturas sociales y hasta económicas. Aunque la mayoría de los grupos gastronómicos surge de la tendencia healthy y de eco-alimentación, cada uno se sabe dueño de la verdad alimenticia y así lo catequiza.

Los estilos alimenticios se han convertido en una forma de vida.

Vegetarianismo

Los más dogmáticos se llaman “ovo lacto vegetarianos”, cuya filosofía budista prohíbe matar animales para alimentarse por ser una violación a la reencarnación. Aunque ese es el origen del vegetarianismo propiamente dicho, con el tiempo han surgido otros motivos –humanitarios, políticos y éticos- para decirle no a la carne. Muchos que hoy se denominan vegetarianos, no comen carnes rojas pero sí pescados y mariscos, otros también son permisivos con el pollo, es decir, son flexitarianos.

¿Por qué no?

No comer carne puede crear carencia de proteínas en el organismo, y derivar en cansancio, anemia, pérdida de pelo, problemas en la piel, irritabilidad, retención de líquidos, calambres musculares, infertilidad, etc.

¿Por qué sí?

La digestión puede hacerse más ligera, puesto que los vegetales se digieren de forma más fácil y rápida que la carne. Se mejora la salud arterial, y por ende, se puede evitar la obesidad debido a que la grasa animal es rica en grasas saturadas y toxinas.

Veganismo

Más que una dieta, es un estilo de vida basado en no consumir ningún tipo de producto animal, especialmente como bandera contra la explotación y crueldad con los animales. Adiós leche, quesos, grasas de origen animal, huevos. Los vegalistas van mucho más allá: rechazan la ropa de piel o los cosméticos y productos de higiene que hayan sido testeados con animales.

¿Por qué no?

El déficit de proteínas –que empobrece la tonacidad muscular- incluye la carencia de vitaminas B12 y D, que no se encuentran presentes en los vegetales, pero si en lácteos y huevos. La D es clave para la absorción del calcio y la B12 se encarga de los procesos de nutrición, entre otras tantas bondades.

¿Por qué sí?

Porque todo lo que procede de otro ser viviente es perjudicial y está lleno de acidez para otro cuerpo, mientras que los alimentos del reino vegetal cuentan con un bajo nivel de acidez. Los estudios científicos comprueban que “todos los pacientes de cáncer poseen un alto nivel de acidosis”.

Los crudíveros prefieren no comer alimentos cocidos.

Crudívorismo

La consabida “raw food” o “comida viva” tiene como bandera el comer cosas vivas, crudas, nada cocido. Incluso se trata pelar lo menos posible las frutas y verduras. La idea es evitar la pérdida de nutrientes y vitaminas que genera la cocción y las altas temperaturas.

¿Por qué no?

Porque entre menos se cocinen los ingredientes, más propensos pueden ser a conservar bacterias y virus que lleven a intoxicaciones.

¿Por qué sí?

Las enzimas activas que poseen los alimentos crudos ayudan a la buena digestión y evitan la acidez estomacal. Además, la ciencia ha comprobado que las vitaminas de las verduras sólo permanecen en ellas cuando se consumen crudas. Comer alimentos crudos favorece la pérdida de peso porque producen mayor sensación de saciedad que los alimentos cocinados.

Macrobiótica

Es una filosofía de vida. Su dieta también se basa en el principio del ying y el yang para llegar a un equilibrio nutricional. Los alimentos ying son en general fríos o dulces, y los yang salados o calientes. Se encamina a alinear la alimentación en armonía con la naturaleza, por tanto este régimen no incluye carne ni alimentos que hayan sido abonados de forma química o a los que se les haya añadido conservantes o colorantes.

¿Por qué no?

Eliminar ciertos alimentos conlleva a deficiencias nutricionales en términos de proteínas, vitaminas y minerales. Tiende a ser una dieta restrictiva, alta en carbohidratos y baja en proteínas.

¿Por qué sí?

Incluye poca cantidad de grasa, lo cual beneficia al sistema cardiovascular y mejora el colesterol. Su alto contenido en fibra previene dolencias en el colon, mejora el tránsito intestinal y acelera la eliminación de toxinas, derivando con una mejor digestión.

Ayurvedismo

Se parece a la macrobiótica en tanto se refiere a la cocina como la farmacia principal. Para la milenaria filosofía médica india del Ayurveda en la alacena se debería encontrar todo lo que necesitamos para combatir los desequilibrios del cuerpo.

¿Por qué no?

Porque dependiendo de cada persona, durante la fase de desintoxicación se pueden presentar malestares, dolores musculares y baja de energía, y en el proceso de liberación mental es posible experimentar ansiedad, aturdimiento y depresión.

¿Por qué sí?

La dieta de Ayurveda personaliza la mejor alimentación para cada cuerpo, así como motiva hábitos de vida saludables para prevenir sobrepeso, asma, artritis, ansiedad, dolores musculares, insomnio, anemia, indigestión, entre otros.

'La mayoría de los grupos gastronómicos surgen de la tendencia healthy y de eco-alimentación'.

Paleo

La alimentación Paleolítica propone retroceder en el tiempo para volver a comer como lo hacían los hombres dedicados a la caza y la recolección. Con pocos años de auge, los paleolíticos –como Uma Truman, Beyoncé y Natalie Portman- evidentemente están del lado de las carnes, pero además no consumen productos químicos de ningún tipo, por ejemplo champús, y están por completo en contra del sedentarismo. Incluso consideran la posibilidad de volver a andar descalzos.

¿Por qué no?

Prohíbe alimentos clave para el organismo como legumbres, granos, aceites, cereales y lácteos, y se centra básicamente en la ingesta de carnes rojas, verduras y frutas frescas, y semillas. Puede traer déficit de calcio y sobrecarga en el riñón.

¿Por qué sí?

Porque es una dieta rica en proteínas y grasas, y pobre en carbohidratos, que argumenta sus beneficios en que la evolución humana se produjo en parte gracias a esta alimentación que impulsó el desarrollo cerebral y la reducción intestinal: dicen que basta con comparar el pequeño cerebro y longitud del intestino de los herbívoros con los de los seres humanos.

Gluten free

El gluten, proteína que se encuentra en los cereales, tiene una parte llamada prolamina que es tóxica para aquellas personas que padecen enfermedad celiaca (lesiones severas en el intestino). Sin embargo, se ha convertido en una postura alimenticia “saludable” ser “gluten free”. Los intolerantes al gluten que no eliminan este ingrediente de su nutrición pueden desarrollar padecimientos que terminen en esterilidad, abortos espontáneos, algún tipo de cáncer, osteoporosis o depresión.

¿Por qué no?

Cuando el gluten se combina con azúcares se eleva sustancialmente su aporte calórico, además, el gluten tiende a reducir la fibra en los panes, se adhiere como una pasta en intestinos y dificulta la adecuada absorción de nutrientes.

¿Lo bueno?

El gluten mejora elasticidad y calidad general de los panes y pasteles. Es de fácil digestión e incluso ayuda al estreñimiento. Cuando se combina con una dieta adecuada, ayuda a perder peso debido a que no posee hidratos de carbono y aporta un mínimo de calorías en su forma simple.

Actualmente existen una interesante variedad de pastas gluten free.

Slow Food

Este movimiento mundial aboga por la comida fresca, cuidada y preparada con tiempo, que abandera los ingredientes orgánicos, no industriales y evita intermediarios, en pro del comercio justo.

¿Por qué no?

Es una forma de alimentación costosa, sus ingredientes son únicos, naturales y de temporada. Además, requiere de paciencia, habilidad y tiempo diario. Luego usted se acostumbra, le queda gustando y ya no quiere comer nada más, nada le sabe igual.

¿Por qué sí?

Quienes son “slow food” hablan de reunir a la familia en torno a la mesa; de alimentación nutritiva y sana; de cocina tradicional sin ingredientes o toques artificiales; y del irrefutable sabor de los alimentos.