¿Eres millennial? Sí, pero de cuál tribu

A partir de los hipsters cada día surgen más subculturas con las que los jóvenes pueden identificarse... muppies, yuccies, normcore, bobos ó lumber.

Parece un hipster pero tiene barba de lumbersexual. Aunque no usa camisa a cuadros de leñador, sino más bien camisetas siempre en la gama de los grises muy a lo normcore. Lo vegano y su inmersión obsesiva en redes sociales le dan más bien un tinte de muppie, pero no es tan emprendedor en los negocios para alcanzar el rótulo de yuppie. Si se afeitara su espesa barba, su “freelancismo” a extrema lo situaría mejor en la escala de los yuccies. También tiene aire de coolturetas por su fascinación por Kim Ki-Duk atrapado en el cuerpo de un bobo (burgués-bohemio) que rueda en bici con tarjeta de crédito en el bolsillo.

Es tal el abanico de tribus urbanas al que pueden suscribirse hoy quienes rondan edades entre 25 y 40 años, que más parece un catálogo de gustos, modos de vestir y hábitos cotidianos. A partir del reciente auge del hipster, a inicios de 2000, parece que cada día surge un nuevo rótulo para nombrar alguna de estas subculturas juveniles post-Internet, que han sido poco estudiadas por la lupa de los investigadores sociales.

Millennials.

El estudio del movimiento hipster, a diferencia de los estudios sobre los punks, hippies, ravers, góticos, ciberutópicos o b-boys, aún no han atraído a los académicos. No termina de darse en la vida real el trabajo de campo. Además, ronda la idea de que ya no existen verdaderas tribus urbanas contra-cultura como los hippies de pelo largo entregados a la paz y el amor, los punketos con sus pelos disparados, los metaleros tatuados que usan chamarras con taches, los mods engominados y los tristes emos.

La Ciudad de México, por su enorme tamaño y diversidad, ha sido caldo de cultivo perfecto para la cosecha de interesantes grupos juveniles. Basta apelar a la memoria colectiva del siglo pasado para recordar a los pachucos, mezcla fronteriza de mexicanos y chicanos, quienes por la década de los cuarenta andaban vestidos a lo zoot suite, hablaban su slang y adoraban a Tin-tan. Para los sesentas aparecen los onderos o jipitecas, inspirados en tendencias rockeras y movimientos culturales estadounidenses. Unos auténticos transgresores abanderados de la libertad sexual.

Punk.

Símbolos clave de los ochenta, los punketos –característicos de Ciudad Nezahualcóyotl- ataviados con ropa de piel como rechazo al sistema y a las imposiciones culturales. Diez años más tarde, desde las líneas de frontera brotan los cholos reunidos en clicas (pandillas barriales), unidos por la amistad y vestidos de forma exagerada con pantalones bombachos, playeras extra holgadas y tatuados con la Guadalupana.

Difícil olvidar a los malabaristas de la tabla, los skatos o skates, que sellaban con grafiti los muros subidos en sus skateboard. En contraste, con las ropas negras ceñidas al cuerpo, en 2000 germinó a los emos de clase media mexicana, de pelos lacios y ojos maquillados. Por esos tiempos, los míticos chacas, “reggaetoneros” de escapulario al cuello, también nacían en colonias más populares.

Skater.

¿Tribus o modas?

El recuento de este siglo empieza con los hipster, de cuyo origen existen numerosas versiones. El “Hipsters manual ilustrado” de Jorge Pinto trata de desenmarañar el concepto diciendo que los hipsters han existido desde el principio de los tiempos porque en el Antiguo Testamento Jabal, ganadero, prefiere usar campamentos a la antigua porque las casas de ladrillo son comerciales ante los ojos del señor.

Explica que los primeros hipsters fueron paganos, parias y brujas, pero que el término se acuñó cuando en 1820 el Duque de Bristol, Sir. Raymond Hipster, se atrevió a decir que las obras del poeta Lord Byron eran basura comercial.

Hipsters.

Sin embargo, el hipster contemporáneo fue atribuido en los noventa por el sociólogo Richard Lloyd a los neo-bohemios o artistas que servían en antros y cafés, desde donde trabajaban sus propios mercados. Al final, los hipsters son los Millennials en contra de la corrientes principales, no leen best sellers ni escuchan música comercial. Los describe su estilo de vida alternativo, no comulgan con la moda del momento y se inspiran en lo retro, de ahí sus particulares gafas de pasta negra. Pueden usar camisas floreadas, tirantes y fueron los primeros de este siglo en imponen las barbas tupidas.

En medio del debate sobre qué son o si constituyen sólo un intento más por clasificarnos, el educador y crítico cultural Mark Greif –autor del libro “Against Everything”- dice que el movimiento hipster representa lo que les puede suceder a los blancos de clase media y a los pertenecientes a la élite cuando dedican sus esfuerzos a una lucha que sólo busca el placer y el lujo. “Los hipsters son una subcultura fruto del neoliberalismo, esa infame tendencia de nuestra época que defiende la privatización de los bienes públicos y la redistribución de la riqueza hacia las clases altas. Los valores del movimiento hipster ensalzan la política reaccionaria, pero disfrazados de rebelión, oculta tras la máscara del vicio”.

Lumbersexual.

Inventados o ciertos, a partir de los hipsters no han parado de retoñar otros subgrupos. En contraste a los hispters, cuidadores de su imagen, aparecen los lumbersexuales, inspirados en el macho alfa leñador, masculino, anti-vanidad. Muy vaqueros, traen su barba bien descuidada, jeans, camisas blancas o a cuadros, y reflejan la sensación de que tienen fuerza y están sudados de tanto trabajar, muy a lo Ryan Gosling.

Mark Zuckerberg, el rey de los normcores.

Del desaliñe en la apariencia, se salta de un paso a los normcore, sí, encabezados por el millonario más sencillo del mundo: Mark Zuckerberg. Definidos por New York Magazine como de mente abierta, no se salen de la norma anodina, monocromática y unisex de playeras grises y blue jeans oscuros, aunque de marca. La idea es pasar desapercibido, ser un nn por su apariencia y cerrarle la puerta en las narices a cualquier atisbo de moda. Una derivación de bajo perfil de los convencionales yuppies.

Yuccies, young urban creatives.

Con la extinción de muchas barbas como matorrales, los lumber también dan a luz a los yuccies: Young Urban Creatives. Son parte de la misma generación Y, muy educados y preparados, dedicados a vivir la vida únicamente de la manera que los hace felices. De plano no trabajan en algo que no les guste. Están en contra de la gentrificación, en teoría, y aman la panadería artesanal y las cosas hechas a mano. Su medio principal de exposición y comunicación es Instagram, donde suman cientos de seguidores.

Muppies.

Y más ramificaciones...

Hasta tal punto ha sido la proliferación de tribus, que hasta los más normalizados también tienen su rótulo. Se habla también de los fofisanos, esos tipos modernos, machos alfa que por principio llevan una alimentación y vida en general saludable, pero que no van a dejar de ser buena vida en sus aficiones por la comida y bebida exquisitas. Son esos que ya pisan el cuarto piso en edad, hacen ejercicio, pero tampoco al punto de no permitir que aflore de su camisa la consabida panza que delata su buen vivir.

Otro reciente invento social son los muppies, nativos digitales, hiperconectados y saludables hasta el tope. Parecidos a los hipsters, aunque lo más importante de su vida es la tecnología, literal, no pueden respirar sin sus laptops, tablets o smartphones. Muchos tienen sus propios blogs, aman los productos artesanales, son viajeros de alma y el running es su religión. Su principal vocero es Twitter. runners. Mientras los hipster toman café y un pastelillo en Starbucks, al compás de las teclas de su Mac, los muppies son más saludables, quizás vegetarianos o veganos, y escuchan rock sinfónico.

Muppie es la unión de millennial y yuppie, un término creado y descrito por la escritora estadounidense Michelle Miller en su libro “The Underwriting” (Kindle Edition), como jóvenes que buscan el éxito en el trabajo más por su satisfacción personal que por los buenos salarios. Además, un verdadero muppie ondea la bandera verde a favor de la vida del planeta y hace deporte como Dios manda, y se les ve seguido en las prácticas de yoga. Algunos dicen que son los hipsters evolucionados.

Otra derivación de los hipsters, temida por muchos en las grandes ciudades, son los nipsters. Son neonazis que visten a lo hipster para pasar desapercibidos. La revista Rolling Stone ha definido este movimiento como “Heil hipster: los jóvenes que intentan poner una nueva cara estética al odio”. Una etiqueta más se refiere a los coolturetas, la vertiente más cultural de las tribus. Leen a Kafka y por ningún motivo le entran a Spotify. Se relacionan con todo el mundo y son los más sabiondos sobre cine, literatura o series. Lo que diferencia a todos estos grupos de las anteriores subculturas urbanas es que no se reconocen a sí mismos como yuccies o muppies ni tienen ningún sentido de pertenencia, sino que son clasificados por los demás, como lo afirma Paula González, psicóloga y antropóloga, especialista en análisis urbanos, “ahora además estas clasificaciones se tornan más complejas en una sociedad en la que siempre estamos transitando, cambiando se sexo, de posturas, de religión, de todo”.

La publicación española Subculturcide plantea que “ahora casi todos los jóvenes son fashionables… Hay que empezar a interpretar a las subculturas ya no como algo contracultural, sino como una construcción estética de la cultura popular y mainstream”. Ese enorme afán por clasificarnos, no a nosotros mismos tanto como a los demás, contrasta con la individualidad rampante que nos aqueja.

Pero más de fondo cae como anillo al dedo la reflexión de Zygmunt Bauman en su libro La modernidad líquida: “vivimos en una sociedad donde todo se transforma, fluye y cambia constantemente. No creo que eso sea malo, estamos viviendo una cultura de la performance, centrada en el nuevo yo. El individualismo es lo que impera. La calle se ha convertido en una pasarela donde la gente desea ver y ser vista”.