El lado oscuro del fashion/beauty blogging

Desde una experiencia personal, una blogger nos cuenta por qué en este cuento de hadas hay más brujas que princesas.

Bloguear sobre diversos temas no es nuevo, pero la forma en la que se hace actualmente dista mucho de la de años atrás, cuando la gente común y corriente solo quería compartir parte de su vida, alguna aventura o su experiencia, todo eso sin buscar la fama. Eso era justo algo que llegaba de forma inesperada y como recompensa del trabajo-pasatiempo realizado. Por supuesto, los tiempos han cambiado. “Quiero ser famosa” se ha convertido en la filosofía y motor de la mayoría de las blogueras que se mueven en la industria de la moda y la belleza.

Puede que el más reconocido y exitoso referente, Chiara Ferragni, sea causante de la crisis por la que atraviesa el ya castigado gremio ‘blogueril’. Si no todas quieren ser otra ‘The Blonde Salad’, lo que sí desean es su éxito… a toda costa. Y no es que Ferragni haya jugado siempre limpio. Cómo olvidar aquella vez que se coló en una foto en la que solo debieron aparecer Stuart Weitzman (quien inauguraba su boutique en Milán) y Kate Moss (la imagen oficial de la firma). Mientras que para muchos se trataba de un ‘sutil’ acto oportunista, para la italiana fue un “estar en el lugar y momento adecuado”. Como sea, el resultado fue un impacto mediático a su favor.

 

Kate Moss a #Milanofashionweek #chiaraferragni #katemoss #milano @chiaraferragni #theblondesalad #moda #stuartweitzman #diva #mfw

Un vídeo publicado por Filiberto Molossi (@fmolossi) el

Pero si de tácticas hablamos, hay otras básicas que si bien no garantizan una fuerte exposición, aseguran acercar a cualquiera al ‘sueño americano de la era digital’. Toda reina debe de tener un pueblo que la escuche, que se rinda a sus encantos, que la admire o idolatre, que la venere. O sea, que le de likes y que le difunda su poder con otros. Por ello es tan importante el número de seguidores. ¡Al diablo si no hay ‘engagement’ con ellos! Qué más da que sean comprados (todo mundo tiene un precio y los bots no son la excepción) o que sean de Paquistán o de algún país muy lejano, ¡cuentan! Al final, nadie se fija en esos insignificantes detalles.

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La moral y la ética son aspectos desconocidos u olvidados por varias personas en esta práctica que, para colmo, también buscan formar a las próximas generaciones. No es sorpresa que muchas jóvenes hayan sido seducidas por ese estilo de vida y por ello quieran adentrarse en él lo más pronto posible. Aunque los cursos, talleres o workshops no representen en sí una minita de oro, algunas blogueras los han utilizado no solo como una fuente adicional de ingresos sino de reclutamiento de fieles. Sí, como una secta en la que deberán de obedecer las órdenes de quien fuera su maestra e iniciadora en el menester del blogging a cambio de una buena base de contactos de publirrelacionistas y una bolsita de regalos.

Así, cada vez que se necesite de interacción (entiéndase RT, like, comentario), las nuevas minions estarán al pie del cañón sin refunfuñar. ¿Pero qué sería de cualquier monarca sin el apoyo de otros de su nivel? Al parecer, la competencia no existe en el fashion/beauty blogging, todo es armonía y felicidad. La solidaridad entre colegas abunda y es digna de aplaudirse, aunque en realidad sea por conveniencia. Cada corazoncito o palabra que se publique es parte de un acuerdo y responde a un modelo o esquema de colaboración. Muy similar a cuando se juntan para regalar un kit con cositas muy lindas, aunque por su dinámica a veces parezca más fácil sacarse la lotería. Pero la cuestión real es… ¿qué ganan ellas con eso?

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Tal como hace unos días lo señalaba la ‘Tía Paz Arela’ de Reforma Moda!, ya no basta tomarse la foto correspondiente al #ootd (atuendo del día) para continuar en este negocio cada vez más saturado. Desafortunadamente, si esta fuera una licenciatura, ya estaría sobrepoblada y devaluada. Lo más triste es que sería difícil presumir de egresadas sobresalientes. Más allá de vestirse o maquillarse bien, pocas blogueras son las que ofrecen una propuesta o voz diferente. El escenario se complica cuando ni siquiera saben escribir correctamente (en inglés ni en español). Creer que cualquiera puede ‘ejercer’ es un error grave; debe existir pasión, vocación y principios, por más cursi que se lea.

Lo que comenzó como una democratización de la industria se ha doblegado por completo al ego. Los contenidos han quedado a un lado y el protagonismo se encuentra en su máximo esplendor. El consuelo es, como en cualquier cuento de hadas, que siempre habrá y persistirá alguna princesa o caballero que no aspire a ser ‘influencer’ sino simplemente un personaje honesto con una misión clara que le permita vivir feliz para siempre… o por lo menos hasta que se lo coman.