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Miguel Covarrubias, alias “El chamaco”

En conmemoración al lanzamiento en México de Vanity Fair, queremos reconocer el trabajo de un mexicano ligado profundamente a la historia y orígenes de la marca.

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Un 22 de noviembre de 1904 nació José Miguel Covarrubias Duclaud en la Ciudad de México.
 
Como buen artista, inició su carrera desde muy pequeño. Sus primeros trabajos los realizó a los 14 años para el periódico El Cáncer, para luego colaborar en El Heraldo, El Mundo y El Universal ilustrado, entre otras publicaciones.
 
Caricaturista, pintor y muralista, escenógrafo, arqueólogo, impulsor de la danza moderna y divulgador del arte mexicano, son sólo algunas de las actividades en las que este mexicano destacó y desarrolló con versatilidad, idealismo, crítica precisa y maestría artística.
 
Comenzó como cartógrafo, oficio que perfeccionó su trazo, como lo demostraría en sus dibujos y pinturas. Frecuentaba un importante círculo de intelectuales donde figuraban Carlos Chávez, José Clemente Orozco, Diego Rivera y Luis Hidalgo, quien lo apodaría “El chamaco”, por ser el más joven del grupo, aunque su personalidad juvenil le hizo conservar el sobrenombre a lo largo de toda su vida.
 
En 1923, a la edad de 18 años, llegó a Nueva York, donde intensificó su conocimiento en arte contemporáneo, y en donde llegó a ser uno de los más reconocidos caricaturistas de la época por su habilidad para captar los rasgos, vitalidad y sutileza de cada personaje. 
 
Su carisma le abrió muchas puertas, logrando que su potencial artístico fuera reconocido por el escritor y fotógrafo Carl Van Vechten, así como por Frank Crowninshield, Editor de Vanity Fair, y quien destacara por su impecable gusto para dar voz a las tendencias más modernas de la sociedad neoyorquina.
 
Para 1924 ya colaboraba para Vanity Fair (así como para Vogue y The New Yorker), dominando con humor la sátira y la crítica social a través de sus caricaturas, retratando el entorno americano, sus celebridades, y creando el icónico look que la revista tuvo durante los años 30. 
 
Entre los personajes que recreó podemos nombrar a Stravinsky, Picasso, Marlene Dietrich, Al Capone, Stalin y a Rockefeller.

 
En 1930, Covarrubias contrajo matrimonio con Rosa Rolando, quien colaboró con fotografías para el libro Island of Bali, del autor mexicano.
 
Su regreso al país se dio en 1936, para dedicarse a la investigación y divulgación de la arqueología mexicana. 
 
También fue docente en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, dando clases de etnografía, y director de la Escuela de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes.
 
Curiosamente, su trabajo no mostraba críticas políticas, pese a su postura de izquierda y a escribir sobre su antifascismo y el horror que le provocaba la guerra.
 
Falleció el 5 de febrero de 1957 debido a una úlcera causada por la diabetes que le aquejaba. Sus restos permanecen en el Panteón Francés.