Nueva York, la ciudad que une pasiones

La efervescencia creativa de la Gran Manzana la obliga a transformarse continuamente y ser cuna de nuevas tendencias.

Es un martes por la noche en uno de los bares speakeasy más icónicos de Nueva York ubicado en una angosta calle del barrio Chino, casi imperceptible para los turistas. Adentro, entre luces ámbar y mixología de primera, la banda de jazz Avalon ameniza el lugar con melodías aterciopeladas de los años veinte. La cantante es una joven francesa, de ésas que parecen haber salido de otra época, enfundada en un vestido carmín y labios a juego. La acompañan tres chicos —violín, contrabajo y guitarra— que fácilmente podrían pasar por modelos, y al piano una mujer de rasgos asiáticos y manos indomables.

Uno a uno, los comensales, agobiados por el calor del implacable verano neoyorquino que hace malabares con los 30 grados Celsius, se dejan caer bebida en mano sobre los sofás de tapiz color verde. Es un día entre semana, pero los neoyorquinos, que dominan a la perfección el arte del after office, saben que la noche es larga y está llena de sorpresas.

En efecto, la magia no tarda en llegar cuando de entre los clientes aparece un hombre de sonrisa picaresca. Es el célebre compositor y productor Yoel Henríquez (ganador de dos Grammys Latinos y famoso por su trabajo con artistas como Marc Anthony y Juan Luis Guerra) que se acerca galantemente a la musa sobre el escenario y le susurra algo al oído. Ella sonríe y, tras asentir con la cabeza, el puertorriqueño toma control de la banda dispuesto a aportar su sabor y carisma. Un cambio de compás por aquí, un ajuste de acordes por allá, y en cuestión de segundos el ambiente del lugar se transforma por completo en una fiesta de jazz con toques caribeños que obliga a la gente a abandonar sus lugares en los sofás y abrirse paso hacia la diminuta pista de baile.

Así es Nueva York, efervescente e impredecible, una ciudad que todo el tiempo colisiona estilos e ideologías, pero que encuentra su armonía a través de lenguajes universales como la música, el arte y la gastronomía. En esta jungla de asfalto nadie duerme, nadie espera, nada se detiene, y es ese vertiginoso ritmo, aunado a la rica mezcla de culturas y razas, lo que convierte a la Gran Manzana en el destino cosmopolita por excelencia.

Sin importar cuántas veces la visite, Nueva York nunca es la misma. La creatividad de sus habitantes la obliga a transformarse continuamente y ser cuna de nuevas tendencias. Es el parque de diversiones de los financieros; el centro comercial predilecto de las fashionistas; la ruina o la gloria de los aspirantes a artistas, y una licuadora social que despliega posibilidades infinitas de un barrio a otro.

Mientras en Manhattan dominan los edificios altos de concreto y las modernas torres de cristal, del otro lado del río, en Brooklyn, las paredes son lienzos en blanco para los artistas urbanos que han convertido la zona en un fotogénico escenario para los bloggers, modelos y turistas que se detienen en cada cuadra para posar con celular en mano y después beber una cerveza artesanal en alguno de los restaurantes emergentes del lugar.

Uno de estos maestros del aerosol es Amuse 126, un joven originario de Chicago que recorre las calles en busca de territorios sin conquistar y que lejos de “rayar” las paredes, ha elevado el graffiti a la categoría de arte, gracias a la precisión y destreza con la que combina elementos para crear murales que desbordan color.

Es precisamente en Brooklyn donde recientemente Amuse 126 sumó su talento al del pintor hiperrealista Tony Curanaj con el fin de crear una obra de arte que formará parte de la nueva campaña de Buchanan’s 18 Special Reserve bajo el lema “Une pasiones, descubre grandeza”, basada en la filosofía del fundador de la marca, James Buchanan, de compartir y celebrar la grandeza del hombre, y en la cual también participaron Yoel Henríquez y la banda Avalon con una original reinterpretación del tema ‘Ain’t We Got Fun?’.

Aunque uno pensaría que un estilo artístico que busca romper con la realidad a través de trazos abstractos difícilmente podría convivir con uno que busca ser una copia fiel de la misma, lo que ambos lograron a través de la colaboración fue una pieza fascinante y ecléctica que refleja no solo la diversidad de sus visiones creativas, sino de la ciudad que los rodea. Y es que Nueva York, a pesar de lo trepidante que puede llegar a ser, es una ciudad que se disfruta a sorbos, como un buen whisky, paladeando sin prisa los acentos de sabor en cada trago.

BUCHANNAN'S Y SU HISTORIA CON LA REALEZA

El vínculo de esta marca con la realeza data de siglos atrás. En  1885 James Buchanan  se convierte en proveedor oficial del Parlamento Británico, y diez años  más tarde recibe la Real Garantía  de la Reina Victoria, el Príncipe de Gales y el Duque de York. Hoy, su  botella Special Reserve de 18 años cuenta con varios  galardones tanto  en Europa como en América. Su complejidad y el efecto suave que  tiene en la boca, lo hacen ideal para disfrutarlo solo o en las rocas.