Por qué la exposición de Yves Klein habla en realidad de Trump y Corea del Norte

El MUAC presenta la primera retrospectiva para México y Latinoamérica del influyente artista francés.

Dicen que todo empezó en 1947, en Niza. Hijo de pintores, Yves Klein tenía apenas 19 años en ese entonces. Recostado en la playa con sus dos amigos Claude Pascal y Arman Fernández, decidieron repartirse el mundo a modo de juego y Klein escogió el cielo, que sería, de alguna forma, su primera obra de arte. Por un lado, por su componente etéreo e inmaterial y, por el otro, por su monocromía azul. Dos de las características principales de su futuro trabajo.

Poco después, Klein viajó a Italia, Gran Bretaña, España y Japón; fue en este último país donde desarrolló su conocida pasión por el judo. Tras estos viajes, regresó a Francia en 1955 para establecerse ya como artista en París. Allí vivió y creó hasta su temprana muerte por un ataque cardíaco a los 34 años, en 1962.

Pero 7 años fueron más que suficientes para dar forma a una obra que influiría de forma notoria en el desarrollo del arte contemporáneo occidental. Descrito en 2010 como "el último artista francés de gran impacto internacional", por The New Yorker, el trabajo de Klein supuso una ruptura con el expresionismo de principios de siglo y con el debate entre figuración y abstracción, propio del arte de postguerra.

Una ruptura basada en el uso del color como herramienta para generar un espacio de exploración sensitiva para el espectador. Más que centrarse en la creación de una obra física, Klein exploró el arte como algo inmaterial. Como algo que se siente. Sus obras y sus espectaculares presentaciones hablaban –y hablan– de la huella artística más que del objeto artístico. Del vacío como puerta a la experiencia. 

Yves Klein

Más allá de la reflexión filosófica y artística, esta exploración del vacío tenía mucho que ver también con la sensación de proximidad de un holocausto nuclear (que convierte todo en nada), tan patente en los años 50 y de nuevo vigente en estos días de tensión entre los Estados Unidos de Trump y la Corea del Norte de Kim Jong-un. Es por eso que la retrospectiva sobre Klein, que el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la Ciudad de México albergará desde hoy hasta el 14 de enero, llega en un momento idóneo para reactivar la reflexión acerca del peligro nuclear en un tiempo en el que parecemos haber olvidado la magnitud de los sucesos bélicos de nuestra historia reciente.

La exposición, curada por el director de los Yves Klein Archives, Daniel Moquay, está pensada como un recorrido cronológico por los pilares que sustentaron su trabajo: la monocromía, la materialidad de la carne y el arte como campo inmaterial.

 

Daniel Moquay, director de los Yves Klein Archives y curador de la muestra.

Arranca con “Proposiciones monocromas”, donde inicia su periodo azul. Antes había experimentado también con el dorado y el rosa, pero la creación de su propio color, patentado como IKB (International Kein Blue), hizo que el azul ultramar se convirtiera en su gran sello de identidad. Fue mediante este tono que empezó a teñir diversos objetos que revelaban esa tensión constante entre la condición material del arte y su inmaterialidad.

Porque el objeto existe, pero es arte por las emociones que genera. Entonces, ¿el arte es las emociones o la obra? Para Klein estaba claro. Él creía que el nuevo arte ocurría en la construcción de campos de sensibilidad, ya fuera por medio de la pureza del azul Klein, a través de la experiencia del vacío, de los cuadros realizados con fuego y aire o a partir de la reflexión sobre el valor de la obra artística. Para él, el arte solo podía suceder en el espacio, como experiencia. Un ejemplo claro de esta postura fueron las Antropometrías, una serie para la cual Klein ejecutó el acto pictórico como una acción corporal y carnal: los cuerpos de modelos embadurnados con pintura dejaron una impronta en el lienzo. Lo que quedó es un recuerdo tangible, los restos de la acción artística. De nuevo una puerta a algo abstracto.

Para experimentarlo en primera persona, te recomendamos visitar el MUAC los jueves de 16 a 20 horas, ya que hasta noviembre la entrada será gratuita gracias al apoyo de la firma Calvin Klein.