¿Cuál es la razón de que el arte y la moda se necesiten mutuamente?

La exhibición fotográfica 'Here We Are' de Burberry es la muestra más reciente de la eficacia de esta relación amor-odio.

Hay sucesos que marcan la historia. No son necesariamente el auténtico inicio de un periodo o el primerísimo ejemplo de una tendencia, pero, por la magnitud de su impacto, quedan para siempre grabados en la memoria colectiva. En el caso de la colaboración entre artistas y diseñadores de moda, el Lobster dress de Elsa Schiaparelli ha ido ganándose con los años el lugar de mito fundacional. Lanzado en 1937, esta pieza fue el resultado de la colaboración entre la modista italiana y el genio surrealista de Salvador Dalí y representa el éxito de la unión entre dos campos creativos que, desde entonces, nunca han dejado de darse la mano.

El vestido de Schiaparelli, por supuesto, no fue fruto del azar o de un encuentro fortuito. La diseñadora ya había ganado antes de él una merecida reputación gracias a sus piezas atrevidas y a la inclusión de elementos extravagantes en sus prendas. Inspirada por el movimiento surrealista, entre su lista de amigos figuraban nombres de artistas como Jean Cocteau, además de Dalí. Este tipo de relaciones era algo nuevo en esa época, pero no se trataba de un atributo único de la italiana. Paralelamente a ella, la francesa Lola Prusac (diseñadora de Hermès) estaba trabajando en una línea de ropa con estampados geométricos –que también pasaría a la historia– inspirados por la obra del pintor holandés Piet Mondrian. Otra muestra clave del arranque de esta relación.
A ambas las seguirían incontables nombres y propuestas a lo largo de las décadas. Yves Saint Laurent inspirado, también, por Piet Mondrian. Gianni Versace y Andy Warhol, Louis Vuitton y Takashi Murakami, Marc Jacobs y Juergen Teller, Alexander McQueen y Damien Hirst, Rodarte y Vincent Van Gogh, Nike y Tom Sachs… La lista es, a esta alturas, interminable, y en ella se mezclan casos de éxito con meros intentos de convertir el nombre de un artista en el epicentro de una estrategia de marketing mal aterrizada. Y es que, cabe diferenciar la auténtica colaboración –o inspiración– entre creadores de la desesperación de algunas firmas por darle trasfondo a sus colecciones. No todo se vale y no todo funciona.

Pese a ello, lo cierto es que estas relaciones han terminado por ser fundamentales para ambas disciplinas. Por un lado, han ayudado al mundo de la moda a deshacerse de la etiqueta de “frívolo” que lo acompaña a todos lados. Y, por el otro, ofrecen a los artistas altas compensaciones en forma de beneficio económico (recordemos que la industria de la moda mueve 1.2 billones de dólares) y de visibilidad.

No es cuestión de suerte que Calvin Klein esté resurgiendo de sus cenizas en este momento. Es responsabilidad del diseñador Raf Simons, empeñado en aportar a la marca personalidad a través del diálogo con las artes. Su papel como director del último video del grupo musical The XX, I Dare You, fue, al fin y al cabo, un movimiento maestro para ratificarse ante los ojos del gran público como un creador.


 

No es casualidad que Gucci se haya adueñado del adjetivo cool en las calles de todo el mundo. Es obra del equipo de Alessandro Michele, ejecutores de acciones tan acertadas en forma y timing como recuperar la estética de las películas de ciencia ficción de los años 50 y 60, como Creature from the Black Lagoon y Forbidden Planet, para dar vida a las fotos y el video promocional de su campaña de otoño, dirigida por el talentoso Glen Luchford.

Tampoco es azaroso que una de las exposiciones de arte más visitadas de este verano haya sido la que el Met de Nueva York le dedicó a la trayectoria de Rei Kawakubo, fundadora de la firma Comme des Garçons. O que la muestra David Bowie is del Victoria and Albert Museum se centre, un cincuenta por ciento, en los vestidos que el cantante usaba para dar vida a sus múltiples álter ego, diseñados por nombres como Freddie Burretti y Kansai Yamamoto.

El arte y la moda dialogan, se alimentan y se benefician continuamente el uno del otro. Muchas veces no se soportan, unos por superficiales, los otros por profundamente soberbios. Pero se necesitan para sobrevivir en estos tiempos donde la atención de los espectadores-consumidores se reparte entre millones de estímulos visuales. Si una marca no muestra personalidad y actitud, nadie la volteará a ver. Si un artista no logra superar las paredes de su estudio y su galería, puede despedirse de la fama; opción, por otro lado, válida. 

Es en este contexto que el director creativo y presidente de Burberry, Christopher Bailey –por fin liberado de las responsabilidades económicas con la llegada de Marco Gobbetti a la posición de CEO–, ha decidido aliarse con el fotógrafo Alasdair McLellan y la escritora Lucy Kumara Moore (directora de Claire De Rouen Books) para presentar su nueva colección en conjunto con una exhibición fotográfica sin precedentes. 
Titulada Here We Are, la exposición agrupará, desde el 18 de septiembre y hasta el 1 de octubre, más de 200 imágenes de una treintena de reconocidos fotógrafos documentales y sociales, con nombres como Dafydd Jones, Brian Griffin, Shirley Baker, Martin Parr, Jo Spence, Ken Russell, Janette Beckman y Andy Sewell entre ellos. Distribuida a lo largo de los tres pisos del Old Sessions House, el nuevo show venue de Burberry situado en Clerkenwell (donde el 16 de septiembre tendrá lugar la pasarela de la nueva colección), la muestra pretende reflejar diversos aspectos del estilo de vida británico en los que la firma se ha basado para diseñar sus prendas. Esta exposición incluirá, además, 70 fotografías del propio McLellan, siendo su exhibición más grande hasta la fecha. 

“Quería celebrar la fotografía británica que siempre me ha fascinado, ésa que documenta la variedad de tribus, clases y clanes que conforman nuestra isla”, reconoce Bailey. “Ha sido todo un privilegio lograr reunir esta colección de imágenes, que proveen un retrato inigualable de la vida británica en todos sus matices, excepcionales y mundanos, hermosos y ásperos. Es el espíritu de estas fotografías, en ocasiones irónico, en ocasiones tierno, pero siempre honesto, el que ha inspirado nuestra colección de septiembre”.

Una vez más, una marca de moda toma del trabajo de grandes creadores la magia para fortalecer su propuesta estética. Y los creadores, a cambio, obtienen un espacio visible para hacer llegar su obra al gran público. Fair enough.