#ExclusivaVF. Alexis de Chaunac: los recuerdos del abuelo y la exhibición 'Rebelde con causa'

Con motivo de su nueva muestra en México, el nieto de José Luis Cuevas habla por primera vez de la relación con su abuelo, de la crisis familiar y de hacer arte en medio de la polémica

Recién cumplió 26 años, pero Alexis de Chaunac tiene el aire de un viejo sabio. Viste de negro, al hablar cita a los “poetas malditos” y podría asemejarse a un actor de Hollywood. Pero sus hábitos lo delatan: usa lentes estilizados, le gusta el rock, responde llamadas en su celular y se enfrasca en conversaciones en las que alterna español, inglés y francés. Hoy, el joven artista inaugura en el marco del Festival Cervantino "Rebelde con causa", su nueva muestra.

Se trata de su cuarta exhibición como dibujante. Es también una reflexión visual y conceptual del famosos tratado filosófico de Albert Camus El hombre rebelde, el famoso texto que ayudó a formular la idea moderna de rebeldía. De Chaunac ha reimaginado a partir de ellos a distintas figuras con este caracter como Juana de Arco, el Marqués de Sade, Espartaco, Cristo, entre otros.

De Chaunac nació en Nueva York. Vivió en México en su infancia, donde creció, más que al lado de sus padres —Emmanuel de Chaunac (francés) y Mariana Cuevas—, con dos abuelos célebres que le inventaban los juegos más creativos y gateando entre las piernas de artistas e intelectuales como Silvia Pinal, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez u Octavio Paz. En su adolescencia residió en París casi una década, y regresó a Nueva York cuando a su padre le ofrecieron ser director de nuevos proyectos de la casa de subastas Christie’s.“Tengo más recuerdos de mis abuelos que de mis padres”, explica en su estudio de Long Island mientras revisa objetos que pertenecieron a José Luis Cuevas. “Vivíamos en casas cercanas comunicadas por el jardín y yo pasaba casi todo el día con ellos. El vínculo con él me marcó, definitivamente”.

No le resulta fácil hablar de uno de los más célebres artistas mexicanos del siglo XX y quien desafió con irreverencia a sus predecesores, figuras icónicas del movimiento muralista, con una obra de enorme originalidad, inteligencia aguda y carisma irresistible. José Luis Cuevas era un veinteañero osado y a su talento sumaba una habilidad asombrosa para atraer la atención de los medios y los críticos, crearse fama de seductor —lo rodeaban siempre mujeres hermosas y se ganó el sobrenombre de Gato Macho—, y volcado a la vida bohemia, donde recorría cabarets y cantinas para dibujar a prostitutas y borrachos con una energía febril y, paradójicamente, trabajar en su estudio al día siguiente con rigurosa disciplina.

Ahora, el nieto no quiere refugiarse bajo la sombra de su apellido. “No era el típico abuelo sentado en su silla, era un hombre vital, con miles de ideas, creativo, conversador, juguetón… He pintado desde niño a su lado —cuenta mientras camina al lado de los rascacielos neoyorquinos—. Me proponía juegos que tenía que resolver en libretas de dibujo con mis lápices y crayones. Era como un mago, podía crear mundos a partir de nada, solo con un pincel y una hoja de papel” Lo perdió el pasado julio a la edad de 83 años, y le duele profundamente. Aunque, como él mismo explica, le duele más que se lo hayan arrebatado cuatro años antes. “Al principio, empecé a pintar como una manera de comunicarme con él, como si estuviera en su mente, pero ahora exploro un lenguaje propio”.

Alexis de Chaunac en París

De Chaunac insiste en que siente que su abuelo desapareció de su vida antes de morir, cuando al enviudar de su esposa Bertha se casó por segunda vez con una presunta admiradora de su obra que tomó control absoluto de su entorno y de sus propiedades, sobre todo en los años finales, cuando su salud declinaba. A partir de ese momento, ni sus tres hijas —Mariana, diseñadora de vestuario teatral, Ximena y María José, ambas cineastas—, ni Alexis, ni Axel, su hermano menor, tuvieron acceso a quien era el baluarte de una dinastía artística. A Beatriz del Carmen Bazán solo la nombra como “esa mujer”, distante, pero sin ningún signo de recelo.

RebeldeConCausaAlexisdeChaunac

Días después, Alexis ya solo desea hablar de su obra. Sus temas iconográficos serpentean entre mitos, símbolos religiosos y antropológicos, conceptos anatómicos y médicos, referencias literarias y hasta reflexiones filosóficas orientales. Admite la influencia de artistas que, al igual que su abuelo, ha admirado profundamente: Goya, Rembrandt, Bacon, Delacroix y Picasso... Su sueño es continuar un diálogo con su abuelo explorando una muestra que sea una réplica de la vasta obra que él dejó, en particular las piezas del museo que lleva su nombre en CDMX.

¿Qué piensa de la última esposa de su abuelo?
Su rostro se torna adusto y dice sereno: “Mi abuelo vivía la vida como arte, eso se ve por su trabajo, por sus tres hijas y sus nietos, me incluyo. Era gran artista, un gran hombre, le preocupaba su familia, México... Somos gente de bien. Es muy triste cómo acabó todo esto”. Agrega con dificultad: “Antes de conocerla en persona, vi a esa mujer en una foto con un marco que ella metió en la maleta de mi abuelo cuando él nos fue a visitar a París. Tuve un mal presentimiento, sentí que a partir de ese momento todo iba a cambiar en nuestras vidas… Empecé a llorar”.

*Artículo publicado originalmente en la edición de octubre de Vanity Fair México.

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