A Internet como lo conocemos le quedan tres días de vida, y a usted también le afecta este cambio

Hoy se vota en Estados Unidos una de las mayores medidas de la campaña de Trump: el fin de la neutralidad de la red.

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Es bastante posible que hoy la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos ponga fin a la neutralidad de la red con la que nos manejamos desde antes de los años 90, y que Obama dejó más o menos asegurada en 2015. Es una pésima noticia que...

Espera un momento: ¿La neutraqué de qué? ¿Eso qué es?
Un conjunto de reglas que intenta que todo en Internet vaya más o menos a la par. Si Internet es una estructura de carreteras, la neutralidad de la red es lo que hace que todo lo que circula por ellas tenga el mismo derecho a ir por una autovía. Y cuando decimos "todo", nos referimos a cosas como "que Amazon y la carnicería online de su tío Paco tengan las mismas oportunidades de llegar a la gente en Internet".

¿Y hoy las tienen?
En realidad no, porque Amazon tiene fabricado un vehiculo a medida y Paco posiblemente haya contratado un servicio de camiones de línea estándar, con sus gallinas y sus asientos apretados y sus paradas en pueblos. Pero incluso en esa situacion desigual, por lo menos hay un par de normas para evitar que Amazon funcione mejor sin que Carnicerías Paco tenga que ir aún más lento.

¿Eso sería posible?
¿Sin la neutralidad de la red? Sí. Amazon podría pagar a los equivalentes estadounidenses de Telcel o AT&T para que comprar con ellos fuera una experiencia mas rápida y útil que con cualquier otro competidor, grande o pequeño. Por supuesto, ese trato iría acompañado de una ralentizacion de los servicios de los demás. Volviendo al mapa de carreteras, sin neutralidad de la red algunos servicios podrían circular por autopistas directas de cuota mientras que el resto tendrían que viajar por la libre.

O sea, que las operadoras podrían decidir el Internet que me llega a mí.
Y cobrando por ello. A usted o a la empresa que quiera llegar a usted. Tal vez incluso a los dos. Por eso son las operadoras las mayores interesadas en que esto salga adelante. Y especialmente en Estados Unidos, donde casi la mitad de la población no tiene alternativas en su zona. Ahora imagine que su operadora decide cobrarle un extra por ver video online, otro porque el Whatsapp le funcione sin retraso, otro por... Y usted no tenga alternativa. Ese es el terror al que se tendrán que enfrentar muchos estadounidenses desde finales de esta semana.

Vaya. ¿Hay algún límite más?
También se podrían bloquear por completo ciertos tipos de tráfico. El de los programas de "piratería" tipo bit-torrent (que se usan también para distribuir de forma eficaz un montón de cosas legales) que nadie ha podido parar del todo hasta ahora. O imagine que mañana una operadora decide que el porno es inmoral y le bloquea todos los contenidos para adultos.

¿Qué?

Podría pasar. Inglaterra intentó algo así hace poco, a nivel gubernamental.
Y peor todavía: en el mundo real, por decirlo así, que usted circule por una autopista de pago no hace que los que van por la libre vayan más lento. Pero el fin de la neutralidad de la red podría convertir a sus enemigos en víctimas de un embotellamiento artificial, o en vehículos que tengan directamente prohibida la circulación, mientras usted recorre Internet a toda velocidad rumbo hacia su cliente.

¿Y Carnicerias Paco no podría pagar por lo mismo?
Jeff Bezos tiene unos cuantos miles de millones más de euros que Paco. Tiene más dinero que Amancio Ortega, incluso. El problema empieza desde el momento en el que es posible pagar por esto y, por tanto, crear una Internet de dos velocidades: la de ricos y la de pobres.

Entiendo esta parte, pero yo no tengo un tío llamado Paco. ¿En qué me afecta esto a mí?
Lo de Paco era por poner una metáfora de la situación. Sin la neutralidad de la red, una de las grandes promesas de Internet -vender a todo el planeta desde Soria- para cualquier emprendedor se tambalea. Si además de llegar tarde y mal, se plantan en un escenario en el que las grandes pueden pagar para que les vaya peor, pues... Se acabó ese sueño de que cualquiera en Internet puede ser el próximo Bezos. El viejo Bezos no te dejaría. Y eso que hoy el dueño de Amazon es más o menos tan rico como el creador de Windows, Bill Gates. Precisamente porque Microsoft leyó mal el futuro y no entendió Internet. Si Amazon mañana lee mal el futuro, le bastará con soltar dinero para aniquilar ese futuro y que el presente imperfecto siga adelante.

Porque no es sólo Carnicerías Paco. Cuando empezaron, Spotify o Netflix no tenían los millones de suscriptores que tienen ahora. Sin un conjunto de reglas que protegiesen un poco su tráfico, no les habría ido muy bien.

Pero ya tienen esos millones de suscriptores, no pasa nada si les toca pagar para funcionar.
Sí, sí pasa. Si ahora mismo nacieran los sustitutos futuros de Amazon, Facebook, Google o Netflix se encontrarían con un problema: los servicios que ya existen en su lugar podrían aplastarles antes de que los nuevos y más interesantes prosperasen. Peor, los servicios que ofrecen paralelamente las operadoras podrían devorarles sin problemas. Incluso a los que ya existen. No es solo el fin de la competencia futura, sino el inicio de una competencia viciada en la que las operadoras jugarán con ventaja.

Piensa, por ejemplo, en Claro Video, un servicio de televisión en streaming que ofrece Infinitum junto a su oferta de red y de celular. Si estuviéramos en Estados Unidos después del fin de la neutralidad de la red, Infinitum podria perfectamente limitar la calidad de Netflix para que todos sus abonados pensaran: "Puede que Claro Video no me atraiga tanto, pero desde luego funciona mucho mejor y sin cortes". Eso es otro ejemplo de lo que podria pasar.
..."en Estados Unidos".

¿Así que Internet será dentro de poco tiempo un entorno menos competitivo, lleno de peajes para todos, empresas y clientes, y donde las operadoras puedan decidir qué tipo de cosas puedo hacer y cuáles no?

Más o menos, sí. Eso es lo que supone el fin de la neutralidad de la red, en el país donde más se desarrolló Internet y empezó a convertirse en lo que es hoy.

*Artículo publicado originalmente en Vanity Fair España.