Sudáfrica ganó Miss Universo y, con ese triunfo, perdió la diversidad

El todavía injusto certamen no está listo para coronar a una belleza diferente a la tradicional y mucho menos una inteligente.

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El año pasado, Siera Bearchell, Miss Canadá, fue elegida como una de las nueve finalistas del famoso certamen. Se trataba de la primera vez que una concursante de talla y peso distinto al acostumbrado lograba semejante hazaña. Pero ese esfuerzo quedó solo en eso; las bellezas tradicionales se impusieron. En 2017, la historia resultó bastante similar. Aunque en esta ocasión destacaron más mujeres que se salían del estándar; Miss China, Miss Ghana, Miss Croacia y Miss Jamaica, pero fuera de esta última todas se quedaron en el camino.

Con la presión global que se siente últimamente por derrumbar los cánones estéticos, parecía que solo se estaba cumpliendo la cuota de “diversidad”. Distintos tipos, cortes de cabello, complexiones, alturas, tonos de piel y hasta estrías no fueron suficiente para creer de verdad que Miss Universo daría el paso que todos estábamos esperando. Conforme se descalificaba a las representantes del cambio, regresábamos a la triste realidad. Habíamos sido unas inocentes palomitas. 

Miss Brasil, Miss Colombia, Miss Tailandia y Miss Jamaica.

Lo confirmó la primera ronda de preguntas; un filtro que se supone debería facilitar la decisión de los jueces, aunque por lo que hemos visto hasta el cansancio, está lleno de sorpresas. Luego de que Tailandia -la favorita más cantada- quedara fuera de la competencia, la esperanza del mundo recaía en Jamaica, quien se perfilaba como potencial ganadora. Siendo la más joven de todas las candidatas, sorprendió con su determinación (y coherencia) en cada una de sus respuestas. ¿El resultado? Un para nada merecido tercer lugar que tuvo como consolación el abucheo del público.

¡Cuánto deseábamos que Steve Harvey se hubiera equivocado de nueva cuenta! Con la derrota de Jamaica, Miss Universo no solo le daba la espalda a la diversidad sino a la inteligencia, un aspecto que tanto se ha tenido que demostrar que existe en cada una de las participantes. ¿Cómo era posible que las respuestas de Miss Colombia pudieran ser percibidas como superiores a los de su más fuerte contrincante? Nos queda claro que no solo ella no entendió las preguntas, tampoco los jueces.

¿A quién culpar? Se sabía que a Donald Trump no le gustaban las mujeres de color, pero él ya no es el dueño del concurso.