Rolex vence en la Fórmula 1

La casa relojera se ha convertido en el aliado más importante de la competencia automovilística.

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Corría el año 1884 en la grisácea ciudad de Londres cuando su esposa le dio la noticia. William Campbell iba a ser padre y no cabía en sí de la emoción. Lo iba a ser por primera y última vez. Fueron nueve meses de preparativos para la llegada del primogénito, del heredero, del hijo que tanto había deseado la pareja. Para la primavera de 1885, el pequeño Malcolm ya inundaba de llantos las noches en el hogar de los Campbell, en Chislehurst. Llantos de vida, tan molestos como enternecedores.

Años más tarde, Malcolm se embarcaría en un viaje a Alemania para aprender el oficio familiar: la venta de diamantes. Allí, arropado por la infinita energía de la juventud, encontraría el tiempo suficiente para desarrollar una pasión desmedida por las motos y las carreras. De regreso en el Reino Unido, usaría lo aprendido para encontrar trabajo por un par de años, aunque, ante la mirada un tanto recelosa de su padre, su amor por la velocidad lo haría despegarse cada día más del camino del comerciante para adentrarse en la senda del piloto.

Y fue por eso que pasó a la historia.

Primero, en moto y, más tarde, en coche, Malcolm Campbell logró ganarse un lugar entre las figuras más destacadas del deporte motor de inicios de siglo, haciéndose con el Grand Prix de Boulogne en dos ocasiones. Pero, más importante todavía, se convirtió en el primer piloto en batir todos los récords de velocidad sobre tierra a bordo de su legendario auto Blue Bird; más tarde, los batiría sobre agua. Su récord definitivo llegó el 3 de septiembre de 1935, en Estados Unidos, donde desafío el imposible al superar por primera vez en la historia las 300 millas por hora. Más concretamente, elevó el contador a 485 km/h.

En su muñeca, lo acompañaba desde hacía ya un tiempo un Rolex Oyster. El primer Rolex en visitar Daytona Beach.

Malcom Campbell


Mucho ha llovido desde entonces. El deporte motor ha evolucionado hasta convertir sus competencias en eventos de alcance mundial y Rolex se ha convertido en la firma relojera más prestigiosa y afamada del planeta. Durante estas décadas, la casa suiza nunca ha dejado de lado su relación con los deportes y las carreras, ya que se trata de algo intrínseco del ADN de la marca, pero no fue hasta 2013 que se formalizó una relación con la Fórmula 1 a la altura de ambas partes.

Lejos de conformarse con patrocinar un equipo en concreto, como lo hacen muchas otras relojeras, Rolex sabía que tenía que situarse en una posición distinta a la del resto de sus competidores con una alianza que abarcara la totalidad de la competición. Al fin y al cabo, estamos hablando de la unión de dos líderes. Las mejores carreras y los mejores relojes. Dos empresas que apuestan continuamente por superarse y marcar la pauta para el resto de los integrantes de sus industrias, tanto a nivel tecnológico como creativo.

Fue de esta forma como, hace cuatro años, Rolex logró ser nombrado Cronometrador Oficial y Reloj Oficial de la Fórmula 1. Con este reconocimiento, sumado a la inclusión de la firma en el nombre de dos de los Grandes Premios (Australia y Gran Bretaña), la casa suiza se erigió como el patrocinador más visible y poderoso de las carreras más seguidas del mundo.

El acuerdo, de diez años de duración, tiene como embajadores a dos leyendas del automovilismo: Jackie Stewart, ganador de tres mundiales de F1 en 1969, 1971 y 1973, y Tom Kristensen, único piloto capaz de salir vencedor de las 24 Horas de Le Mans en nueve ocasiones; competición en la que, por cierto, Rolex también tiene presencia.

Jackie Stewart

Por un lado, hay que tener en cuenta el valor intangible que esta alianza le proporciona a la casa suiza, ampliando todavía más el efecto de su sólido discurso. Recordemos que, hoy en día, los productos necesitan de una historia y de un contenido emocional para combinarse con la excelencia técnica y de materiales y, así, liderar el mercado del lujo real, aquel que no destaca simplemente por precio, sino por una propuesta completa e imbatible en todos los sentidos. 

Por otro lado, debemos considerar la enorme visibilidad que la firma ha adquirido gracias a los casi 500 millones de espectadores que el campeonato tiene a lo largo de todo el planeta. Una visibilidad que le permite a la relojera hacer llegar su mensaje a nuevos públicos, tanto en edad como en posición geográfica. En palabras de Gian Riccardo Marini, ex director general de Rolex: “Tanto Rolex como la Fórmula 1 encarnan la aventura, la ingeniería superlativa y la voluntad de llevar al límite la tecnología, dos aspiraciones que tienen un fuerte poder de evocación para las nuevas generaciones”. Una declaración que completó su director de comunicación cuando dijo: “Este acuerdo nos ofrece un fuerte ajuste de la marca, una gran exposición y una audiencia global. Además, la F1 también está entrando en una nueva y muy importante era de cambio tecnológico. Esperamos con gran interés el desarrollo de esta sociedad en los próximos años”.

Rolex, patrocinador principal de la Fórmula 1.

EL RELOJ

Si bien Rolex no ha desarrollado una pieza de cero para la Fórmula 1, sí ha escogido a su Cosmograph Daytona como el reloj oficial de la competencia. Presentado en 1963, este modelo nació como respuesta a las necesidades de los pilotos de la época y en homenaje al legendario Oyster de Malcolm Campbell. Gracias a su cronógrafo y a su bisel con escala taquimétrica, permite al piloto medir perfectamente la velocidad media hasta 400 millas por hora. Pero, más allá de sus funciones, se trata de un ícono atemporal imprescindible para cualquier amante del deporte motor, que hoy vuelve a tener el protagonismo al que siempre ha estado destinado.

Modelo Cosmograph Daytona, de Rolex.