Estrellas de neutrones y ondas gravitacionales, la última frontera del universo

El oro y el platino de sus joyas provienen de la colisión de dos estrellas (y no, no es un spoiler de Star Wars).

La comunidad astrofísica internacional está de enhorabuena. Si la semana pasada conocíamos que el Nobel de Física se otorgaba a Rainer Weiss (Berlín, 1932), Barry C. Barish (Omaha, EEUU, 1936) y Kip S. Thorne (Logan, EEUU, 1940) (el carismático asesor de la película Interestelar), hoy científicos de Estados Unidos y Europa han comunicado un nueva lectura de ondas gravitacionales (ondas en el espacio tiempo predichas por Albert Einstein hace más de un siglo y confirmadas por el experimento LIGO). 

Esta vez han sido producidas por la colisión de dos estrellas de neutrones, que han arrojado al espacio un enorme chorro de rayos gamma y toneladas de materiales pesados como el oro o el platino. La fusión de los dos objetos, cuya existencia teórica había sido enunciada hace décadas pero que hasta ahora carecían de una evidencia contrastable, sucedió hace 130 millones de años y ha tenido lugar en la galaxia NGC 4993, en la constelación de Hidra, y produjo un estallido corto de rayos gamma (parecida a los rayos X pero de mayor longitud de onda) y una kilonova, similar a una supernova pero más corta y con menor emisión.

Fue tan lejos que la luz y las ondas gravitacionales que produjo acaban de llegar hasta nosotros. Este hecho supone un paso más en el estudio de las ondas gravitacionales, que se han convertido en la esperanza blanca de la astrofísica y la física teórica. Ahora, además de ver, podremos escuchar al Universo, ya que las ondas producen un registro que puede convertirse en sonidos.

Si anteriormente podíamos observar los acontecimientos del universo aproximadamente 300.000 años después de su formación, hoy la comunidad científica considera que podremos estudiar ondas gravitacionales segundos después del famoso Big Bang. Así que la próxima ve que use sus joyas de oro y platino recuerde que, esta vez sí, son regalos más valiosos que las estrellas. Y no solo por quien se las regaló.