Vaquita marina: salvar a una especie. Día 2. Los rescates. #ExclusivaVF

En el segundo día en búsqueda del cetáceo, los expedicionarios salvan tres vidas en alta mar.

Día 2. Los rescates. 

La mañana va cobrando vida conforme los expedicionarios van saliendo de sus camarotes. El día parece prometedor, el cielo despejado con solo un poco de viento. Vamos a buscar uno de nuestros aliados, el ingeniero Cristopher Emmons, de Cielito Drone, que llegó en la madrugada a San Felipe. Tomamos el desayuno y repasamos el plan del día. Seguiremos el transecto que nos llevará por el borde del refugio oeste de la vaquita mientras el barco arrastra el grampín en búsqueda de redes abandonadas. Después nos internaremos en el Golfo para ir de nuevo a las Rocas Consag. Durante todo el camino estaremos utilizando el binocular Big Eye, el fotógrafo Daniel Garza utilizará su telefoto y Solene Lefevre monitorerá la pantalla de la cámara térmica que instalamos en la proa. Emmons preparará los drones en caso de que avistemos algo. Empezamos el día con las esperanzas de que hoy podamos toparnos con la esquiva vaquita, todos los ojos disponibles se dirigen al horizonte.

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Conforme avanzamos vemos una boya. Se trata de un detector acústico C-Pods que el INECC ha colocado como parte del monitoreo de  la vaquita. Se realiza un reporte con la posición satelital, fecha y hora, para que los científicos sepan que el sonido registrado fue producido por la embarcación al aproximarse. Más adelante vemos otra boya. Hay algo flotando a uno de sus costados, descubrimos que lo que está en la superficie es parte del detector. Debería estar sumergido pero el sistema de anclaje sufrió algún tipo de desperfecto, por lo que su funcionalidad se ve comprometida y con el riesgo de que el C-pod (cuyo costo es de varios miles de dólares) pueda terminar a la deriva, por lo que se informa a las autoridades que nos solicitan efectuar una maniobra de colecta y asegurar la integridad del aparato.

El mar empieza a cambiar poco a poco, el viento toma más fuerza y dificulta el uso de los Big Eyes. Para el observador, por la potencia que tienen, cada movimiento del barco se aprecia en sus lentes mucho más dramático que lo que es en realidad, lo que provoca mareos. La escala Beufort del viento aumenta y las olas producen crestas que al romperse pueden confundirse con algo más. Pero lo seguimos utilizando con esperanza de detectar el momento que una vaquita salga a respirar.

Cerca de la Roca Consag, Christopher Emmons prepara el dron con una cámara de detección térmica. Es la primera vez que se utiliza esta tecnología en esta región. A lo lejos vemos una lancha que en un principio pensamos que podría ser de buzos por que no parecía desplazarse. El Ing. Christopher lanza el dron. Notamos pequeños puntos rojos que produce una colonia de lobos marinos (Zalophus californianus). De repente una humareda proveniente de la lancha  y llama nuestra atención. Los pilotos hacen volver a los drones que tomaban las imágenes de la colonia de los lobos marinos, y una segunda humareda más corta vuelve a salir de la lancha. En los pocos segundos que es posible lograr enfocarla con los Big Eyes observo a los tres tripulantes de la pequeña embarcación agitando los chalecos salvavidas al aire. Sin duda estamos ante una llamada de auxilio.

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El Narval se dirige hacia la lancha y puedo ver cómo una persona recostada en la proa agita su chaleco salvavidas mientras que los otros dos se abrazan aliviados al ver que nos acercábamos. Son pescadores de Puerto Peñasco. “Llevamos tres días sin agua y comida”, cuentan. Zarparon  de Sonora el martes y su motor se descompuso dejándolos a la deriva en medio del Golfo. La corriente los tenía atrapados. Los tripulantes del Narval les arrojan botellas de agua que los pescadores toman ávidamente, al mismo tiempo se le da aviso a las autoridades y se arrojan cabos para poder acercarlos a la plataforma.

Una vez a bordo, aliviados y exhaustos, el capitán, José Martín Espinoza, de 56 años, y los tripulantes, Álvaro Robles Beltrán  y José de Jesús Mendoza López, de 39 y de 32 respetivamente, de la panga Mar y Tierra VI, nos cuentan cómo habían intentado sin éxito hacer contacto con su puerto después de que no pudieran hacer funcionar su motor. Un viaje que no debía tomarles más de 5 horas en ir y volver se había vuelto en casi tres días a la deriva, sin alimentos o agua suficiente. El más joven me comparte su desesperación al no ver ninguna lancha cerca, que contrastaba con la experiencia de su capitán, que al preguntarle si iban a morir contestaba con una voz calmada: “Sí, claro que nos vamos a morir, pero no hoy… no aquí”. 

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Llegamos a San Felipe al anochecer, miembros de la cooperativa de pescadores de San Felipe llegan para recoger a los náufragos, quienes se despiden de nosotros agradecidos. Francisco Gómez, el director del Museo de la Ballena y Ciencias del Mar, se despide de ellos deseándoles suerte. Los tres pescadores saltan a la lancha que viene en el remolque de la camioneta y que usaran para remolcar la suya. Los tres regresarán a pescar pronto, poniendo en riesgo su vida, pero ahora con más precauciones pero también con más valor. Termina el día sin la oportunidad de cumplir el objetivo de avistar una vaquita, pero sabemos que fue un buen día. Mañana tendremos otra oportunidad.

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