Cómo celebraron la herencia cultural mexicana de la película los directores de Coco

La última producción de Pixar trata sobre la búsqueda de un niño en la antigua tradición del Día de Muertos.

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Una cosa es encontrar la inspiración para una película sobre el Día de Muertos mientras recorres el Pabellón de México en Epcot, de Disney World, y otra convertir esa chispa en una auténtica película de Pixar para las masas. A Lee Unkrich se le ocurrió la idea de Coco, la decimonovena película del estudio de animación, después de ver un mariachi de papel maché compuesto por esqueletos de músicos en la exhibición de un parque temático. “Desde hace mucho he estado interesado en el Día de Muertos”, dijo el director de Toy Story 3. “Es una extraña yuxtaposición de imágenes de esqueletos con colores brillantes, festividad y alegría”.

Pero al obtener la luz verde Unkrich se detuvo a reflexionar. “Inmediatamente sentí el peso sobre mis hombros de la responsabilidad de realizar bien esta historia y ser culturalmente preciso y respetuoso”, comentó. Para empezar, Unkrich insistió en que el elenco fuera completamente latino —con la participación de Gael García Bernal, Benjamin Bratt y el recién llegado Anthony Gonzalez, quien ha tocado música de mariachi desde que tenía cuatro años—, y contrató a un equipo de asesores culturales, para quienes Pixar proyectó versiones de la película cada ciertos meses. Unkrich y su equipo creativo también realizaron múltiples viajes a México para investigar e inspirarse. Visitaron familias durante las vacaciones de principios de noviembre y recorrieron museos, mercados, plazas, talleres, iglesias y cementerios en la Ciudad de México, Oaxaca y Guanajuato.

“Absorbimos detalles en cada lugar que visitamos, pero lo más valioso fue el tiempo que pasamos con las familias mexicanas”, dijo Unkrich. “Todas fueron amables y abiertas y se mostraron emocionadas de compartir sus tradiciones con nosotros. Muchos de los detalles de esas visitas terminaron siendo parte de Coco”.

El guionista Adrián Molina sintió una profunda conexión personal con la historia, y sus contribuciones fueron tan significativas que obtuvo el crédito de codirector a la mitad de la producción. “Crecí en un hogar mexicano multigeneracional”, dijo Molina, quien también coescribió algunas de las canciones de Coco. “Cuando iba en secundaria, mis abuelos vinieron de México a vivir con nosotros. Como los personajes de la película, mi abuela estaba en silla de ruedas y mis dos abuelos hablaban español y muy poco inglés… Me encanta la música y fue muy emocionante tener la oportunidad de crear estos personajes de los que sabía que el mundo iba a enamorarse”.

La película se centra en Miguel (González), un niño de 12 años que quiere ser músico a pesar de las prohibiciones de su familia de zapateros. En un intento por tomar el destino en sus propias manos, Miguel se adentra en la Tierra de los Muertos —un caleidoscopio de colores vibrantes, torres extravagantes (inspiradas en las pirámides aztecas) y miles de esqueletos meticulosamente disfrazados— en busca del ancestro responsable de poner a su familia contra la música. “Queríamos explorar los lazos familiares que nos unen a las generaciones que nos precedieron”, expresó Unkrich. “Esta historia trata sobre celebrar nuestro pasado, incluso cuando miramos hacia el futuro”. Molina agregó: “Muestra la belleza de esta cultura… la belleza de la música y su capacidad de conectarnos a través de las generaciones y, esperamos, a través de las culturas”.

*Texto originalmente publicado en Vanity Fair U.S.