¿Quién quiere pagar 750 dólares para pasar año nuevo en Mar-a-Lago?

La Casa Blanca de Invierno lo está cobrando este año.

¿Hay quien realmente disfruta el Año Nuevo? La presión. La diversión forzada. El gasto. La espera de la llegada de la medianoche, que nos obliga a aguantar hasta la bajada de la bola de Times Square incluso cuando nuestra cita ya está medio borracha durante la cena.

Pasar esa noche en Mar-a-Lago, en el resort del presidente Trump en el sur de Florida, también conocido como la Casa Blanca de Invierno, por él, al menos, debe de tener sus ventajas: una entrada de solomillo y lubina. La oportunidad de ver a Sylvester Stallone, quien asistió el año pasado. Un lugar tan lleno y brillante que, cuando los ojos logran enfocar, ya es hora de irse a casa.

Relaciones públicas.
Es comprensible que quienes estén en Mar-a-Lago se den cuenta de que tienen algo especial que ofrecer a los residentes de Palm Beach y al resto de los asistentes este día, el último de este año terrible. Debe tenerse en cuenta que el precio de los boletos de esta fiesta anual han subido alrededor del 20 por ciento. Los miembros pagarán 600 dólares —en vez de 525— y los invitados 750, de acuerdo con Politico.

Al hablar del resort, como ocurre con cualquiera de las propiedades de Trump, o de su marca, salen a flote las cuestiones éticas. Pero el consejero ético de la Trump Organization, Bobby Burchfield, comentó a Politico que no hay nada de extraño. “En esta economía están subiendo los precios de muchas cosas”, expresó.

No es lo único que ha cambiado en el resort con esta economía. Las tarifas de las membrecías se han duplicado a 200,000 dólares y las cuotas de los miembros brincaron de 1,000 a 15,000 dólares. Todo ello a pesar de la polémica de la carne mal refrigerada y el informe de que se han cancelado 20 galas de caridad en el resort, de acuerdo con The Washington Post.

Según Politico, el entretenimiento de este año estará a cargo de Party on the Moon nuevamente, y se espera la asistencia del presidente. La primera dama y su hijo Barron ya están allá. ¿Se le puede poner un precio a esta oportunidad?

*Texto originalmente publicado en Vanity Fair U.S.