Más de 30 mujeres acusan de acoso sexual al director James Toback

38 mujeres han hablado a L.A. Times para contar su particular historia de terror provocada por un director que trataba de convencerlas de que el acoso era moneda de cambio en Hollywood.

Que te hagan un Toback. Al parecer, era tan común el acoso del director James Toback que cuando una mujer sufría abusos sexuales por parte de un director, el apellido del cineasta formaba parte de la frase hecha para describirlo en pocas palabras, tal y como lo cuenta la profesora de interpretación y dramaturga Karen Sklaire en Los Angeles Times.

Ya son 38 mujeres las que han declarado haber sufrido acoso sexual por parte del director, en el artículo publicado por el diario californiano, que a través de las palabras de las víctimas, reconstruye el modus operandi de Toback.

El director merodeaba las calles de Manhattan buscando mujeres jóvenes y atractivas, normalmente alrededor de los 20 años. Se acercaba a ellas y se presentaba como director de cine: “¿Has visto Blanco y negro o Dos chicas y un chico?”. Ellas contestaban que no. Entonces él se explayaba: había sido nominado al Oscar por el guión de Bugsy, había dirigido a Robert Downey Jr. en tres películas “Yo lo inventé”, llegaba a decir.

Cuando no le creían apoyaba sus palabras con artículos en los que se le nombraba. Y entonces, cuando ya tenía convencida a la futura acosada de sus credenciales, empezaba su proceso depredador. Él podía convertir a esa chica que tuviera delante en una estrella. Pero antes, tenía que conocerla intimamente. Ante la extrañeza de algunas chicas, él insistía en que era algo totalmente normal que siempre formaba parte del proceso.

Y así, en habitaciones de hotel, caravanas de cine, parques, en reuniones o entrevistas presentadas como audiciones, los encuentros se convertían en algo sexual según todas estas mujeres. Durante estos encuentros, según muchas de las mujeres que se vieron envueltas en ellos, Toback presumía de las famosas con las que se había acostado. Y después llegaban las preguntas personales: “¿Cada cuánto te masturbas? ¿Cuánto bello público tienes?”. Él contaba que no podía funcionar a no ser que se masturbara varias veces al día. Y procedía a hacerlo delante de ellas hasta que eyaculaba sobre ellas. Entonces el encuentro se terminaba.

Como suele ser frecuente en estos casos, ninguna de ellas acudió a la policía. Muchas de ellas sintieron que no tenían más alternativa que callar, se sintieron culpables, a más de una las presionó tratando de motivar una retorcida mentalidad profesional en la que si no pasabas por el aro, no estabas lo suficientemente comprometida con tu oficio, no deseabas lo suficiente convertirte en una estrella, no lo merecías.

Y como declara Starr Rinaldi, una de las actrices que participa en el reportaje “Lo horrible es que, eligieras el camino que eligieras, acostarte con él o irte, el daño ya está hecho”.
“Me dijo que no deseaba nada más que masturbarse mientras me miraba a los ojos”, declaró Louise Post, vocalista y guitarrista del grupo de rock Veruca Salt a Los Angeles Times.

A Terri Conn la llevó a una zona apartada de Central Park para hablar de un proyecto de cine independiente. Y mientras discutían los detalles le dijo que la única manera de ver el alma de alguien es mirarle a los ojos mientras tiene un orgasmo. Entonces se arrodilló delante de ella y empezó a frotarse con su pierna mientras le decía que la mirara a los ojos.

A Sari Kamin la llevó a una habitación de hotel. Le pidió que se desnudara. Ella se negó. Él argumentó que si ella no era capaz de desnudarse ahí cómo iba a ser capaz de actuar en una escena de sexo delante del equipo técnico de una película. Entonces ella se desnudó y entonces el empezó a restregarse la entrepierna frente a ella.

Estos son solo algunos de los casos que aborda la investigación del periódico. Y además de los relatos escalofriantes de las actrices, a los que desgraciadamente empezamos a estar acostumbrados, destaca otra cosa: el cuasi anonimato de todas las actrices. Es imposible calcular el daño que algo así puede provocar en la integridad de cualquiera. 

*Artículo publicado originalmente en Vanity Fair España.